Por: Jose Andrés Forero Bolívar.
El lunes 10 de agosto la tierra se movió en Colombia. Pero para miles de familias no solo se movió la tierra: se movió la vida entera.
En Chocó, Cali y el Eje Cafetero hay personas que en minutos perdieron familiares, viviendas, negocios, recuerdos y patrimonios construidos durante años.
Ante una tragedia así, hablar de liderazgo puede parecer secundario, pero no lo es.
Porque existen momentos en los que liderar no significa tener respuestas, mostrarse fuerte o repetir que “todo estará bien”. Significa aprender a sostenerse cuando aquello que nos daba seguridad dejó de existir.
El duelo no ocurre únicamente cuando perdemos a alguien. También hacemos duelo por una casa, una empresa, un proyecto o una vida que ya no será exactamente como la conocíamos.
Y allí necesitamos comprender algo: sentir miedo, rabia, tristeza o incertidumbre no nos hace débiles. Son estados humanos frente a una realidad extraordinaria. Lo importante es no convertir ese estado en nuestra única realidad.
Quiero dejar tres herramientas para quienes hoy intentan comenzar de nuevo.
Primero: Nombra lo que sientes. No luches inmediatamente contra la emoción. Reconocer “tengo miedo”, “estoy triste” o “no sé qué hacer” permite comenzar a procesar aquello que estamos viviendo.
Segundo: Separa el hecho del pensamiento. “Perdí mi casa” describe una realidad dolorosa. “Perdí mi casa y nunca podré recuperarme” agrega una conclusión sobre un futuro que todavía no ha ocurrido. Nuestro diálogo interno puede ayudarnos a avanzar o aumentar nuestra sensación de desesperanza.
Tercero: Reduce el horizonte. Cuando todo parece inmenso, no intentes resolver la vida completa. Pregúntate: ¿qué puedo hacer hoy? ¿A quién puedo pedir ayuda? ¿Cuál es el siguiente paso posible? En momentos de crisis, avanzar también significa hacerlo un día a la vez.
Pero esta tragedia también está mostrando otra dimensión del liderazgo.
Colombia se está movilizando. Ciudadanos, voluntarios, organizaciones y empresas han comenzado a poner capacidades, recursos y conocimiento al servicio de quienes lo perdieron todo. Y frente a esta realidad, el sector privado tiene una responsabilidad enorme. No es solamente donar. También ayudar a reconstruir empleo, pequeños negocios, viviendas, oportunidades y esperanza.
Porque una empresa también lidera cuando entiende que forma parte de la sociedad que la hace posible. Hoy algunas personas necesitan ayuda para levantarse. Mañana podemos ser nosotros.
Quizás por eso las tragedias nos recuerdan algo que la rutina suele hacernos olvidar: liderar también es sostener al otro hasta que pueda volver a sostenerse por sí mismo.