- De acuerdo con la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres, Alejandra Mora, las mujeres tienen un 15 % menos de probabilidades de que sus créditos sean aprobados, incluso con perfiles similares a los de los hombres.
Mientras América Latina celebra el aumento en la apertura de cuentas bancarias, una barrera invisible sigue castigando el bolsillo de las mujeres: el sesgo en el acceso al crédito. A nivel global, cerca de 740 millones de mujeres permanecen fuera del sistema financiero formal, y aquellas que logran entrar enfrentan condiciones significativamente más duras que sus pares masculinos. Según datos discutidos en el Foro Económico Mundial para América Latina y el Caribe 2026, una mujer tiene un 15 % menos de probabilidades de que su crédito sea aprobado, incluso presentando un perfil financiero similar al de un hombre, una realidad que en Colombia se traduce en cifras alarmantes de desigualdad.
Esta brecha se manifiesta a través de dos fenómenos críticos: la «tasa rosa» y el «missing middle» o medio perdido. En el caso colombiano, el Reporte de Inclusión Financiera de la Superfinanciera y Banca de las Oportunidades revela que, en microcrédito, el desembolso promedio para mujeres es de $6,9 millones, un 17,8 % menos que los $8,4 millones otorgados a los hombres. El impacto es todavía más severo en la ruralidad, donde las mujeres llegan a pagar tasas de interés hasta 3,4 puntos porcentuales más altas en créditos productivos, generando un sobrecosto que solo en 2024 representó una transferencia de riqueza de $34.500 millones desde las productoras hacia el sistema financiero.
Por otro lado, el «missing middle» atrapa a miles de emprendedoras en un vacío estructural donde sus negocios son demasiado grandes para las microfinanzas, pero catalogados como «muy riesgosos» por la banca tradicional, empujándolas al peligroso mercado del financiamiento informal. Santiago Etchegoyen, cofundador y CTO de uFlow, explica que esta exclusión rara vez es una política explícita; es más bien el resultado de algoritmos de scoring diseñados bajo paradigmas de formalidad tradicional que no entienden la realidad de la mujer, quien a menudo lidera la economía informal y asume 2,5 veces más horas de trabajo de cuidado no remunerado que el hombre.
La paradoja radica en que, a pesar de estas trabas, los indicadores confirman que el segmento femenino es más responsable en sus pagos y presenta menores tasas de morosidad. Por ello, expertos señalan que el reto de la banca actual no es flexibilizar el riesgo, sino utilizar la automatización y nuevas fuentes de datos para medirlo mejor, eliminando los sesgos históricos que hoy frenan el crecimiento económico de millones de mujeres en la región.