- El acceso a conocimiento técnico se perfila como una herramienta clave para que el agro enfrente la variabilidad climática y reduzca riesgos productivos.
- Programas de formación impulsados por el sector privado han capacitado a más de 2.000 agricultores en el último año, promoviendo prácticas responsables y el uso de tecnologías de precisión que impulsan la productividad.
En un contexto marcado por el inicio de la temporada de lluvias y por una creciente variabilidad climática, la educación técnica y ambiental se consolida como un factor estratégico para la sostenibilidad del agro colombiano. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, existe una importante brecha tecnológica en los productores del país, lo que deja a la mayoría de los agricultores expuestos a mayores riesgos productivos, ambientales y económicos.
Esta brecha resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que, según cifras oficiales, más del 80 % de las unidades productivas agropecuarias en Colombia corresponden a pequeños y medianos productores, quienes suelen enfrentar mayores limitaciones para acceder a capacitación, tecnología y acompañamiento especializado. La dificultad de acceso al apoyo técnico impacta directamente en la toma de decisiones en campo, el uso eficiente de insumos, la gestión del agua y del suelo, y la capacidad de adaptación frente a eventos climáticos extremos.
Ante este escenario, el sector privado ha venido desarrollando acciones orientadas a fortalecer las capacidades técnicas de los agricultores. En el último año, 2.084 productores en distintas regiones del país han recibido asistencia técnica por parte del equipo de Soluciones para la Agricultura de BASF, a través de un modelo integral que combina capacitación en campo, formación continua mediante el acompañamiento en el uso de un portafolio de productos de alta calidad que incluye soluciones para la protección de cultivos, manejo fitosanitario y optimización de rendimiento, permitiendo a los agricultores adoptar prácticas más eficientes y sostenibles, potenciando así la productividad de sus sistemas agrícolas.
Estas jornadas de formación abordan temas clave para la competitividad y la sostenibilidad del sector, como el manejo responsable de cultivos, estrategias de protección vegetal orientadas a mejorar la productividad con criterios ambientales, la importancia y el uso adecuado de equipos de protección personal (EPP), la correcta calibración de equipos de aplicación, la gestión responsable de envases y la toma de decisiones informadas en campo. De acuerdo con entidades del sector, este tipo de prácticas contribuye a reducir pérdidas productivas, optimizar el uso de recursos y disminuir impactos ambientales, especialmente en escenarios de alta presión climática.
“La educación ambiental continuará siendo un pilar central en nuestra estrategia para fortalecer la sostenibilidad y eficiencia del campo. Nuestro enfoque busca que el agricultor no solo incremente su productividad, sino que lo haga protegiendo los recursos hídricos, el suelo y su propia salud. Acompañarlos durante todo el proceso y brindarles capacitación constante es fundamental para que adopten prácticas más responsables y eficientes, esto les permitirá mejorar la calidad y productividad de sus cultivos, y asegurar que su inversión se traduzca en mejores resultados y mayor rentabilidad.”, afirmó Ángelo Santibáñez, gerente de Trade Marketing de BASF Soluciones para la Agricultura en Colombia.
En un país donde el sector agropecuario representa una fuente clave de empleo rural y seguridad alimentaria, el acceso a conocimiento técnico se convierte en un determinante directo de la competitividad. Contar con información oportuna, formación práctica y acompañamiento especializado permite a los productores anticiparse a riesgos, mejorar la eficiencia de sus sistemas productivos y responder con mayor preparación a fenómenos climáticos cada vez más impredecibles.
Cerrar la brecha de asistencia técnica sigue siendo uno de los principales desafíos para el desarrollo rural. La articulación entre entidades públicas, el sector privado y las organizaciones del territorio, junto con estrategias de formación continua y educación ambiental, será clave para ampliar el acceso al conocimiento, fortalecer la resiliencia productiva y avanzar hacia un agro colombiano más sostenible y preparado para el futuro.