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La inflación de los mercados emergentes aumentará antes de caer

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Por: Luiz Eduardo Peixoto, economista para Mercados Emergentes, y Burak Baskurt, estratega en jefe para Mercados Emergentes de la oficina de BNP Paribas en Londres.

Para el primer trimestre de 2022 prevemos crecimiento en la inflación de los Mercados Emergentes antes de una estabilización de los precios, esperando poca variación de nuestra previsión de cambio del IPC de 5,3% año a año. 

Perspectivas de mercado

El punto de inflexión para la inflación no parece llegar antes del primer trimestre del 2022 para los Mercados Emergentes. Esto mantendrá la presión sobre los bancos centrales para que continúen con el endurecimiento de sus restricciones; a razón de esto, en nuestros portafolios preferimos seguir infra ponderando los bonos provenientes especialmente de América Latina, Europa Central y del Este, Oriente Medio y África, iniciando por República Checa, Hungría, Polonia, y Chile y Colombia.

El patrón observado en América Latina y Europa Central y del Este, Oriente Medio y África ha sido la aceleración de la inflación y el anuncio sorpresivo de los bancos centrales de aumento en sus tasas. Esto ha retrasado un trimestre más la anticipada disminución de las presiones sobre los precios.

La dinámica básica entra en números rojos: Las expectativas de una mayor inflación podrían dar lugar a una presión persistente, razón por la cual nuestras expectativas de consumo totales en los ME son dos puntos porcentuales más altas que hace un año, que estimamos, podría añadir hasta 1,1 puntos porcentuales a la inflación de los ME en 12 meses.

A pesar de todo lo que se dice sobre las alteraciones temporales de la oferta, el IPC es el principal impulsor de los recientes estallidos de la inflación. A medida que el año cambia y los reguladores ajustan los precios, las presiones al alza corren el riesgo de afianzarse y desanclar las expectativas antes del impacto de las tendencias deflacionarias que esperamos hacia el segundo trimestre de 2022.

Bajo ese contexto, nuestro índice de rigidez de precios – basado en las tendencias recientes del IPC, el historial de persistencia de la inflación, el gasto fiscal y las expectativas de inflación – señala que los países de América Latina y de Europa Central y del Este son zonas en las que la deflación será más difícil en los próximos 12 meses.

No hay tiempo que perder: Garantizar la plena recuperación de la pandemia fue uno de los principales argumentos para que los bancos centrales de los ME se abstuvieran de normalizar las tasas o lo hicieran solo de manera paulatina. Sin embargo, una reevaluación de las brechas de producción evidencia que la mayoría de los países fuera de la Región Asia Pacífico han vuelto a sus niveles de producción anteriores a la pandemia de COVID-19 o incluso tienden a crecer, sugiriendo que las brechas de producción se han reducido significativamente, si no se han cerrado del todo.

La recuperación económica elimina el argumento de la cicatrización

El empleo obstaculiza a los conciliadores: El mercado laboral, en particular, ha debilitado los argumentos conciliatorios. Las cicatrices del desempleo que se temían por sus efectos sociales y de desigualdad no se han materializado en la mayoría de los ME, y las tasas de desempleo han vuelto a los niveles anteriores a la pandemia o incluso se han reducido.

 En los países en los que los mercados laborales están relativamente restringidos, como Europa Central, Rusia, México y Chile, la inflación subyacente se está acelerando por encima del IPC. Por el contrario, Sudáfrica y Colombia, con tasas de desempleo líderes en el mundo, presentan tendencias de inflación más beneficiosas que las de sus pares de los países de Europa Central y del Este, Oriente Medio y África, y de América Latina. Vemos una situación similar en los países de la ASEAN, donde se reanudaron las cuarentenas este año y la demanda de empleados ha sido baja.

Efectos base en duda: Además de las presiones de la demanda, la oferta se muestra con inflación. Los costos de los insumos son más altos que en 2019, lo que socava la hipótesis de unos efectos de base más beneficiosos. De hecho, los precios promedio de la energía y los alimentos comercializables pueden ser aún más altos el próximo año que en 2021.

También hay razones para pensar que el desequilibrio entre la oferta y la demanda se prolongará hasta bien entrado el año 2022. La escasez de materias primas y de mano de obra sigue siendo significativa. La demanda se mantiene sin disminución, y se espera un nuevo impulso con la reapertura de Asia. Por su parte, los costos de transporte han alcanzado máximos históricos, con una capacidad global de carga relativamente baja.

Los precios de las mercancías se ponen al día: Ante estas persistentes presiones sobre los precios y una demanda relativamente resiliente, es probable que las empresas intenten recuperar los márgenes comprimidos. De hecho, las menciones a los ajustes o incrementos de precios aumentaron de forma considerable en los informes de resultados del último trimestre. El período de vacaciones de fin de año debería reflejar muchos de estos ajustes, aunque prevemos un alza de los bienes de consumo en los próximos trimestres –parte de la inflación subyacente – como también señalamos.

Inflación por combustibles fósiles: Los costos de la energía también podrían suponer un empujón adicional a los precios, aunque menos que en el pasado. Incluso si los índices de referencia dejan de subir – lo que es poco probable dada la escasez en el suministro de gas en Europa, los modestos aumentos de la producción de la OPEP+ y la recuperación de los viajes internacionales – varios países seguirán administrando los precios mediante subsidios o subidas programadas de precios.

Las tasas se mantienen en territorio negativo e intentan recuperarse

Los alimentos básicos siguen siendo una preocupación: Las presiones también persisten en los cereales y las proteínas, según observamos. Los precios comerciables se han estabilizado 25 puntos porcentuales por encima de los niveles de 2019, y es poco probable que las cosechas de cereales alivien las presiones sobre los precios internos antes de 2022. El importante peso de los alimentos en los perfiles de inflación de los ME, por encima del 25% en las canastas del IPC de la mayoría de los países y hasta el 40% en Tailandia e India, y el papel de estos alimentos básicos como principal motor de las expectativas de inflación, también sugieren posibles presiones al alza para el próximo año.

Las tasas neutras son las mínimas: Señalamos un margen importante para el aumento de las tasas en países como México, Polonia, Colombia, India y Hungría, que siguen jugando a alcanzar las cada vez más crecientes tasas de inflación propuestas tras un período de tasas de interés mínimas durante la pandemia. Creemos que los bancos centrales serán menos reacios a subir las tasas a medida que el IPC se afiance.

Aumento de tasas más allá de los niveles de prepandemia: Incluso en los casos en los que las tasas han aumentado, la intensidad de las presiones sobre los precios sugiere la necesidad de dirigirse hacia una restricción real ya que las tasas reales siguen en territorio negativo en la mayoría de los países, incluso cuando se consideran las previsiones del IPC a 12 meses en lugar de las publicaciones actuales, más elevadas.

Dado que los bancos centrales tienen que luchar también contra los cambios inflacionarios a mediano plazo, en forma de préstamos subsidiados y políticas fiscales relativamente laxas, el aumento de las tasas a menudo tiene que ir más allá de un simple ajuste de los puntos de referencia a los niveles anteriores a la pandemia de COVID-19. Por esta razón, esperamos nuevos aumentos significativos de tasas en Brasil, Rusia, Polonia, México, Colombia, Hungría y Chile, entre otros.

Excepción de los países orientales: Con una inflación muy inferior a la del resto de los ME y sin señales de presiones subyacentes, y con un crecimiento que aún se recupera de los cierres de 2021 y de la ausencia de viajes internacionales, los países de la ASEAN mantendrán las tasas cerca de los mínimos a corto plazo, según nuestras previsiones.

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