Expertos advierten que la obsesión por el bajo costo dejó redes frágiles ante desastres naturales y sociales, conflictos y la volatilidad económica.
Las cadenas de suministro globales, durante años optimizadas para reducir costos y aumentar la eficiencia, enfrentan hoy un giro estructural. Las disrupciones recientes —desde la pandemia hasta los conflictos geopolíticos y la volatilidad económica— han expuesto debilidades profundas en un modelo que priorizó la eficiencia por encima de la resiliencia.
En 2022, Marcus Thiell y Gordon Wilmsmeier desarrollaron un marco conceptual para el diseño estratégico de la cadena de suministro basado en el riesgo, a partir de la observación de perturbaciones sociales, económicas y ambientales que afectaron al comercio global, y argumentaron que los paradigmas tradicionales —coste/eficiencia y agilidad— son cada vez más insuficientes. Ahora, ante el nuevo contexto internacional, los autores han actualizado su marco para incorporar factores geopolíticos y geoeconómicos que están redefiniendo las decisiones empresariales.
El problema de fondo: fragilidad estructural
Durante décadas, muchas empresas adoptaron modelos lean, externalizaron la producción a países de menor costo y redujeron los inventarios al mínimo. La pandemia demostró que estas decisiones, aunque eficientes en tiempos estables, podían provocar colapsos cuando múltiples disrupciones ocurrían simultáneamente.
Thiell y Wilmsmeier distinguen entre “vulnerabilidad” y “fragilidad”. La primera se refiere al tamaño de la pérdida en caso de una crisis. La segunda, más profunda, apunta a la probabilidad de que esa crisis suceda debido al propio diseño del sistema.
En otras palabras, no basta con tener planes de contingencia si la arquitectura de la cadena sigue siendo estructuralmente frágil.
Geopolítica: menos globalización, más bloques
El actual escenario internacional está marcado por sanciones económicas, cierres de fronteras, tensiones comerciales y riesgos de conflicto. Este entorno está impulsando a muchas compañías a reconsiderar la ubicación de proveedores y plantas de producción.
Conceptos como friend-shoring —producir en países políticamente alineados— están ganando terreno. Mediante este concepto, las empresas buscan reducir su exposición a rupturas políticas y a dependencias estratégicas sensibles.
El resultado es una tendencia hacia cadenas más regionales, alianzas dentro de bloques políticos confiables y, en algunos casos, una mayor integración vertical para proteger tecnologías críticas.
Geoeconomía: volatilidad y costos impredecibles
Más allá de la geopolítica, la inestabilidad macroeconómica desempeña un papel clave. Las variaciones abruptas en las tasas de cambio, la implementación de tarifas, la volatilidad de los fletes de transporte y la inflación modifican el costo total de la propiedad y pueden volver inviables, en poco tiempo, estrategias de abastecimiento tradicionales.
En este contexto, las empresas deberían evaluar diversificar sus proveedores, aumentar sus inventarios estratégicos y reforzar la visibilidad a lo largo de toda la cadena. Aunque estas decisiones pueden elevar los costos a corto plazo, reducen la exposición a riesgos sistémicos.
Diez decisiones clave bajo presión
El marco conceptual propuesto por Thiell y Wilmsmeier identifica diez dimensiones estructurales que definen el diseño de una cadena de suministro.

Cada una de estas decisiones se ve hoy afectada por la creciente complejidad geopolítica y geoeconómica.
Por ejemplo, depender de un solo proveedor puede ser eficiente, pero en un entorno de sanciones o de insolvencias se convierte en un riesgo estratégico. De igual manera, concentrar la producción en una sola región puede reducir costos, pero aumenta la exposición a choques políticos o de recursos.
Más allá del costo: hacia cadenas antifrágiles
El mensaje central de los investigadores es claro: el diseño de las cadenas de suministro ya no puede basarse exclusivamente en la minimización de costos.
La ventaja competitiva sostenible —afirman— reside en construir arquitecturas adaptativas y potencialmente “antifrágiles”, capaces no solo de resistir las crisis, sino también de fortalecerse a partir de ellas.
En un mundo marcado por la fragmentación política y la volatilidad económica, las empresas que integren explícitamente el análisis de fragilidad en sus decisiones estratégicas estarán mejor posicionadas que aquellas que continúen apostando por la eficiencia como único criterio.
La globalización no ha desaparecido, pero está cambiando. Y con este cambio, el diseño de las cadenas de suministro se convierte en una cuestión no solo empresarial, sino también estratégica y geopolítica.