Iader Maldonado, director de Tecnología de Claro Colombia.
La transición energética se ha convertido en uno de los grandes desafíos para Colombia. El avance hacia fuentes más limpias no solo está transformando sectores tradicionalmente intensivos en energía, sino que también plantea una oportunidad para que las empresas revisen la manera en que desarrollan su infraestructura, operan en los territorios y reducen su impacto ambiental.
En este escenario, las energías renovables comienzan a desempeñar un papel cada vez más importante en sectores como el de las telecomunicaciones, especialmente en regiones donde las condiciones geográficas y la disponibilidad de infraestructura energética convencional representan un desafío. Allí, las soluciones fotovoltaicas demuestran que sostenibilidad y desarrollo tecnológico pueden avanzar de manera conjunta.
Claro Colombia cuenta, al cierre de septiembre del 2026, con 423 estaciones base que operan con soluciones fotovoltaicas, distribuidas en 30 departamentos del país, principalmente en zonas rurales, apartadas o de difícil acceso. En total, son más de 12.000 paneles solares que permiten reducir el consumo de combustibles fósiles y garantizar la operación de infraestructura crítica para llevar conectividad a estos territorios.
“La transición energética también debe entenderse como una oportunidad para modernizar la infraestructura tecnológica del país. Incorporar energías renovables nos permite hacer más sostenible nuestra operación y, al mismo tiempo, encontrar soluciones para llevar conectividad a territorios donde la energía convencional es limitada o inexistente”, señaló Iader Maldonado, director de Tecnología de Claro Colombia.
El impacto ambiental es significativo. Estas soluciones permiten evitar la emisión de aproximadamente 31.957 toneladas de CO₂ al año, equivalente a la siembra de cerca de 1,45 millones de árboles. Además, su despliegue tiene una fuerte presencia territorial: Chocó cuenta con 88 estaciones; Caquetá, con 73; Putumayo, con 32; Vichada, con 26; y Cauca y Meta, con 20 cada uno, entre otros departamentos donde la disponibilidad de infraestructura energética convencional resulta especialmente compleja.
Pero la transición energética no puede analizarse únicamente desde la reducción de emisiones. La sostenibilidad también debe generar valor para las comunidades y contribuir al desarrollo económico de los territorios. La infraestructura solar desplegada por Claro soporta servicios utilizados diariamente por miles de personas y registra mensualmente un tráfico promedio superior a 47 millones de minutos de voz y 3,4 millones de gigabytes de datos en 4G y 5G.
“El reto está en demostrar que sostenibilidad, eficiencia y desarrollo pueden ir de la mano. Estas soluciones no solo reducen nuestra huella ambiental, también hacen posible ampliar la conectividad y generar nuevas oportunidades en regiones donde la infraestructura tradicional enfrenta mayores barreras”, agregó Maldonado.
Esta apuesta hace parte de la estrategia de sostenibilidad de Claro Colombia y de su compromiso de alcanzar la carbono neutralidad en 2050, mediante acciones para reducir las emisiones asociadas al consumo energético y de combustibles fósiles. En un país que avanza en su transición energética, experiencias como esta muestran que las energías renovables pueden ser mucho más que una alternativa ambiental: pueden convertirse en habilitadoras de conectividad, productividad y desarrollo para las regiones.