- La iniciativa se desarrolló en 10 jornadas construidas mano a mano con las comunidades, desde la co-creación hasta el cuidado de los espacios.
- Más de 700 personas participaron en procesos de formación que fortalecieron el tejido social y el cuidado colectivo de los espacios.
Durante varios meses, comunidades enteras se reunieron alrededor del propósito de recuperar sus espacios deportivos como lugares de encuentro, juego y convivencia. Así se vivió Comunidades en Color, una iniciativa que llegó a su cierre tras 10 jornadas de transformación comunitaria en Bogotá, Medellín y Cartagena, y dejó una huella que va más allá del color.
En total, más de 8.000 metros cuadrados de canchas, muros y entornos urbanos fueron intervenidos a través del arte, el trabajo colectivo y la participación activa de vecinos, líderes comunitarios, jóvenes, mujeres y voluntarios. Cada espacio fue el resultado de un proceso construido mano a mano con la comunidad, desde el diagnóstico inicial hasta la última pincelada.
Más que la intervención de canchas, el proyecto fue un ejercicio de escucha y co-creación. Antes de cada intervención, las comunidades participaron en talleres creativos, espacios de diálogo y procesos formativos, donde definieron de manera conjunta los diseños, los mensajes y el uso futuro de los escenarios recuperados.
A lo largo del proyecto se llevaron a cabo 10 jornadas de preparación de los espacios y múltiples encuentros de trabajo colectivo, con la participación de más de 500 personas que aportaron su tiempo, ideas y esfuerzo para transformar escenarios que hoy vuelven a ser parte activa de la vida de los barrios.
El proceso fortaleció a las personas que hicieron parte del proyecto. Más de 700 personas fueron capacitadas en pintura y liderazgo comunitario, lo que fortaleció el tejido social y promovió el cuidado colectivo de los espacios intervenidos. En total, se desarrollaron más de 150 horas de formación, pensadas para que las comunidades no solo recibieran un espacio renovado, sino también herramientas útiles para su día a día y su futuro.
Para hacer posible estas transformaciones se utilizaron más de 1.100 galones de pintura, aplicados directamente por la comunidad y los voluntarios. Estas pinturas incorporan tecnología de Dow, desarrollada para ofrecer mayor durabilidad, protección y desempeño en los espacios intervenidos, contribuyendo a que su impacto perdure en el tiempo. El cierre del proyecto incluyó 10 entregas simbólicas y la firma de acuerdos comunitarios de sostenibilidad, compromisos construidos por los propios habitantes para cuidar, usar y proteger estos espacios como bienes colectivos.
“Este proyecto demuestra que cuando se trabaja de la mano con las comunidades, los cambios son más profundos y duraderos. Detrás de cada galón de pintura hay ciencia e innovación de Dow, pensadas para proteger los espacios y acompañar la vida de quienes los usan todos los días.” dijo Carolina Mantilla, presidenta de la Región Norte de América Latina de Dow.
Comunidades en Color finaliza así una etapa, pero deja abiertos nuevos caminos: espacios que hoy vuelven a llenarse de niños jugando, jóvenes entrenando y vecinos encontrándose. Lugares donde el color es solo el comienzo de algo más profundo, comunidades que se reconocen capaces de transformar su entorno cuando trabajan unidas.