Diego Romero, director de Tecnología y Operación LATAM.
El verdadero salto tecnológico no está solo en automatizar tareas, sino en a par las decisiones que determinan cómo, cuándo y dónde se atiende cada caso.
La Nota Económica. La gestión de siniestros dejó de ser un proceso operativo para convertirse en un factor estratégico. ¿Cómo puede una gestión más eficiente traducirse en ventajas competitivas?
Diego Romero. Lo que espera un asegurado es simple: que su vehículo sea reparado bien y pronto. Cumplirlo depende de una cadena de decisiones tomadas por actores que no siempre hablan entre sí. La eficiencia exige que cada uno haga bien su parte y todos decidan sobre los mismos hechos. La tecnología permite coordinar esas decisiones en un solo expediente, con costos y novedades. Así se puede asignar el taller adecuado, conseguir el repuesto correcto y controlar tiempos y costos.
LNE. ¿Cuál será el mayor impacto de la inteligencia artificial en el ecosistema asegurador?
DR. Su mayor impacto estará en llevar el criterio técnico al primer momento del siniestro. Hoy varias decisiones se toman manualmente y días después del aviso. La IA permite anticiparlas, reconocer el daño desde una fotografía, estimar la reparación, verificar el repuesto y definir el taller antes de mover el vehículo. No es acelerar una tarea, sino reordenar el ciclo. A esto se suma que los sistemas de asistencia a la conducción pueden reducir los siniestros, pero hacen más complejas y costosas las reparaciones. Los sensores y las cámaras exigen recalibración. Esto eleva la exigencia sobre la red de reparación.
LNE. ¿Qué oportunidades tiene Colombia para consolidarse como referente regional?
DR. Según Latam Insurtech Journey, más de la mitad de las insurtech que operan en Colombia son extranjeras. Colombia puede ir más allá de digitalizar trámites y desarrollar soluciones para coordinar el mundo físico a través de talleres, repuestos y logística. Con más de $27,6 billones pagados en indemnizaciones, hay espacio para hacer más eficiente esa operación y convertir ese conocimiento en soluciones escalables. En Subocol ya lo hacemos en Chile y Panamá.
LNE. ¿Qué enseñanzas deja la experiencia de Subocol al integrar tecnología, IA y conocimiento técnico?
DR. La primera es que esta tecnología se construye operando. Gestionamos siniestros y desarrollamos Orbika. Eso revela problemas como las distintas formas de nombrar un mismo repuesto. La segunda es que construir ya no es la principal barrera. Con lA, un producto puede desarrollarse en semanas, el reto es sostenerlo en producción. Por eso usamos un método basado en AI-DLC: la IA propone, el humano aprueba y todo queda trazado. La velocidad sin disciplina es riesgo. Y hay una tercera lección, una innovación transforma una industria cuando los actores deciden usarla. Los talleres y proveedores son parte esencial del ecosistema.