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Un dólar fuerte por coyuntura y débil por estructura: cómo leer el dólar, el euro, el oro y bitcoin de cara a la segunda vuelta

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Categoría: Economía
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El mercado entra en junio con un mismo eje detrás de las cuatro grandes clases de activo: una Reserva Federal que descartó recortes de tasa, un dólar global fuerte y las tensiones en el Estrecho de Ormuz. Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, integra el análisis del dólar, el euro, el oro y bitcoin, y explica por qué la corrección del oro y de bitcoin no contradice su tesis estructural, mientras el peso colombiano afronta su tramo de mayor sensibilidad del año tras la primera vuelta que dejó a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda como contendores para el balotaje del 21 de junio.

La definición presidencial le imprime al inicio de junio una capa adicional de incertidumbre a un mercado que ya venía operando bajo un eje claro. Tras la primera vuelta del domingo 31 de mayo, en la que Abelardo de la Espriella obtuvo cerca del 43,7 % de los votos e Iván Cepeda alrededor del 40,9 %, ambos avanzaron al balotaje del próximo 21 de junio. El peso encara así tres semanas de máxima sensibilidad en un entorno donde el dólar se mantiene fuerte a nivel global, el oro corrige desde máximos históricos y bitcoin se mueve al ritmo de los titulares geopolíticos. Lejos de ser cuatro historias separadas, las cuatro clases de activo responden hoy a la misma combinación de factores. Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, las integra en una sola lectura.

El eje del año: un dólar fuerte por coyuntura, débil por estructura

Para entender los cuatro mercados al mismo tiempo conviene partir de una tensión que define todo el año. En el corto plazo, el dólar estadounidense es fuerte: la aceleración de la inflación en Estados Unidos, con el ritmo de inflación mayorista más rápido desde 2022 y el mayor aumento del índice de precios al consumidor desde 2023, llevó a los mercados a descartar por completo los recortes de la Reserva Federal este año, e incluso a incorporar la posibilidad de un alza hacia diciembre. Eso sostiene el índice DXY en niveles altos y presiona a la baja a los activos que no pagan cupón. En el largo plazo, sin embargo, persisten señales de debilidad estructural del dólar, desde el nivel de la deuda pública estadounidense hasta la diversificación de reservas que vienen ejecutando los bancos centrales del mundo.

Sobre esa tensión se monta un tercer factor, transversal a las cuatro clases de activo: las tensiones geopolíticas alrededor del Estrecho de Ormuz, que mantienen el precio del Brent cerca de los US$97 por barril y elevan la aversión al riesgo. Ese mismo detonante encarece el dólar como refugio, presiona al euro por su dependencia energética, frena al oro en el corto plazo por la vía de las tasas y golpea a bitcoin como activo de riesgo. Comprender ese eje común es lo que permite distinguir, en cada mercado, entre un movimiento coyuntural y un cambio de tendencia.

El dólar y el peso: $3.678 y una prima de riesgo electoral en construcción

El peso cerró mayo como una de las monedas emergentes más depreciadas del periodo. La Tasa Representativa del Mercado vigente para el inicio de junio quedó en $3.678,15 y, en las jornadas previas a la primera vuelta, la divisa amplió su avance hasta mínimos del peso de más de una semana. En la apertura de este lunes, tras conocerse el resultado, parte del mercado leyó la votación como una señal favorable y el peso reaccionó con una fuerte apreciación: el dólar abrió la jornada en $3.576,66, unos $101 por debajo de la TRM vigente de $3.678,15. Los analistas advierten, no obstante, que se trata de un movimiento inicial y que la prima de incertidumbre puede reaparecer mientras siga abierta la definición del balotaje. La mecánica tiene dos capas. La externa ya está descrita: un dólar global fuerte por la postura de la Reserva Federal. La interna es más particular y merece atención, porque allí se concentra el riesgo de los próximos meses.

En condiciones normales, el diferencial de tasas debería favorecer al peso. El Banco de la República sostiene su tasa de política en 11,25 %, muy por encima de la estadounidense, lo que en teoría premia a quien mantiene posiciones en moneda local. Ese premio, sin embargo, se neutraliza cuando el mercado percibe una prima de riesgo país elevada, reflejada en el comportamiento de los títulos de deuda pública. A esa prima se suma un factor de oferta y demanda concreto: el servicio de la deuda pública contratada en el exterior convertirá al Gobierno, en los próximos trimestres, en un comprador relevante de dólares, lo que añade presión estructural sobre la divisa.

El componente electoral opera sobre esa base. Conviene precisarlo: el mercado no reacciona al color político de un resultado, sino al grado de certeza que ese resultado ofrezca sobre la trayectoria fiscal y monetaria del país. Mientras la definición del balotaje siga abierta, la prima de incertidumbre permanece y se traslada de forma directa a la tasa de cambio, que a su vez se transmite al bolsillo del hogar por la vía de la inflación importada y de un crédito que el Banco de la República mantiene caro para contenerla. Históricamente, esa prima tiende a comprimirse una vez se conoce un resultado definido, sin importar cuál sea.

Calendario y datos del cierre de mayo:

  • Tasa Representativa del Mercado: $3.678,15 certificada para el cierre del mes, con el peso entre las monedas emergentes más depreciadas del periodo.
  • Apertura del 1 de junio: el dólar abrió en $3.576,66, unos $101 por debajo de la TRM vigente, reflejando una apreciación inicial del peso tras el resultado de la primera vuelta.
  • Tasa Banco de la República: sostenida en 11,25 % por decisión unánime; inflación local de 5,68 % anual según el dato más reciente del DANE.
  • Segunda vuelta: Abelardo de la Espriella (cerca del 43,7 %) e Iván Cepeda (alrededor del 40,9 %) avanzaron de la primera vuelta del 31 de mayo y disputarán la Presidencia el 21 de junio de 2026.
  • Proyección de la Tesorería de Littio: un rango de planeación alrededor de $4.000 a $4.020 al cierre de 2026 y un posible desplazamiento hacia $4.100 en 2027, condicionado a la deuda local, los aranceles y el resultado electoral.

“El peso terminó mayo como una de las monedas emergentes más presionadas, y eso no es casualidad. Cuando un proceso electoral entra en su tramo de definición, el mercado deja de operar sobre fundamentales y empieza a operar sobre escenarios. Lo relevante no es el color político del resultado, sino el grado de certeza que ofrezca sobre la trayectoria fiscal y monetaria del país. Mientras esa certeza no llega, la prima de riesgo se traslada directamente a la tasa de cambio, y eso lo paga el bolsillo de cualquier familia que importe, viaje, estudie afuera o reciba ingresos del exterior”, afirma Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio.

El euro: 1,165 dólares y la factura energética europea

El euro cierra mayo cerca de mínimos de seis semanas frente al dólar, en torno a 1,165 dólares por unidad, tras moverse durante el año en un rango que fue desde un máximo de 1,2019 el 27 de enero hasta un mínimo cercano a 1,1435 en marzo. La explicación de fondo conecta de nuevo con el Estrecho de Ormuz. Europa es un importador neto de energía y, por lo tanto, su moneda es estructuralmente más sensible a un shock en el precio del petróleo que el dólar, que se beneficia como refugio. Cuando el Brent sube por tensión geopolítica, el euro tiende a debilitarse por la doble vía del deterioro del crecimiento esperado y del encarecimiento de las importaciones energéticas.

A ese cuadro se suma la política monetaria. El Banco Central Europeo ha mantenido una postura más restrictiva de lo previsto, y las actas de su última reunión mostraron que varios miembros habrían respaldado un alza de tasas de haberse propuesto. Con la Reserva Federal y el Banco Central Europeo igualmente firmes, el cruce euro-dólar queda determinado por el crecimiento relativo y por la energía más que por el diferencial de tasas. Para el colombiano que recibe pagos en euros, estudia en Europa o viaja al continente, la conclusión práctica es directa: tanto el dólar como el euro se han fortalecido frente al peso, lo que convierte la gestión en más de una moneda fuerte en una herramienta de planeación y no en un producto de nicho. De forma referencial, al cruce actual el euro se ubica alrededor de $4.285 pesos.

“El euro se mueve en torno a 1,165 dólares, cerca de mínimos de seis semanas, presionado por las tensiones geopolíticas y por un Banco Central Europeo más duro de lo esperado. Para el colombiano que recibe pagos en euros, estudia en Europa o viaja al continente, la fotografía es clara: tanto el dólar como el euro se han fortalecido frente al peso, y tener parte del balance en una y otra moneda fuerte deja de ser una decisión sofisticada para volverse una herramienta de planeación”, señala Torroledo.

El oro: el activo que rompió su manual

El oro protagoniza el movimiento más interesante de analizar, porque desafía la teoría tradicional. El manual dice que cuando las tasas reales suben, es decir, la tasa nominal por encima de la inflación, el oro pierde atractivo, porque no paga cupón y compite en desventaja con los bonos. En 2026 ocurrió lo contrario: el metal alcanzó un máximo histórico cercano a US$5.600 por onza el 29 de enero y sostuvo niveles altos pese a tasas reales positivas y elevadas. La razón es un cambio en el perfil del comprador. El demandante marginal ya no es el inversionista financiero sensible a la tasa, sino el banco central que diversifica sus reservas por motivos fiscales y geopolíticos, una demanda que es indiferente al costo de oportunidad de las tasas.

Esa distinción es la que permite leer correctamente la corrección reciente. El oro retrocedió cerca del 4 % en lo corrido de mayo y se ubica alrededor de los US$4.450 por onza, un movimiento consistente con una toma de ganancias técnica tras la fuerte apreciación inicial del año y con el peso de las tasas reales en el margen. Lo que no se observa es una salida estructural: los bancos centrales sumaron 244 toneladas netas a sus reservas en el primer trimestre, completando cinco trimestres consecutivos por encima de las 200 toneladas, y los flujos hacia los fondos cotizados al contado se mantienen positivos. La diferencia entre una corrección y un cambio de tendencia está, precisamente, en quién sostiene la demanda.

Proyecciones publicadas para el cierre de 2026:

  • Goldman Sachs: el 70 % de los grandes inversionistas espera precios al alza hacia fin de año, con un 36 % proyectando niveles superiores a US$5.000 por onza.
  • JP Morgan: un rango proyectado entre US$5.200 y US$5.300 por onza al cierre del año.
  • Bank of America: un escenario de US$5.000 por onza en un horizonte de dos años si se mantienen los factores fiscales y geopolíticos actuales.

“La corrección cercana al 4 % del oro en mayo no rompe el ciclo, lo confirma. Lo que cambió es quién compra: los bancos centrales llevan cinco trimestres sumando más de 200 toneladas cada uno y esa demanda no responde a las tasas, responde a la diversificación de reservas. Por eso una toma de ganancias técnica no revierte la tendencia. La diferencia entre una y otra cosa es exactamente lo que define si conviene mirar al oro como reserva de valor dentro de un balance diversificado”, explica Torroledo.

La pregunta para el hogar colombiano es cómo tomar esa exposición. Hasta hace poco, hacerlo desde el país exigía lingotes con estándar London Good Delivery de 400 onzas, además de custodia, transporte y seguro, lo que dejaba el activo fuera del alcance del minorista. La tokenización modificó esa ecuación. Plataformas del ecosistema local como Littio integraron oro tokenizado respaldado por metal físico custodiado en Suiza, accesible desde un dólar digital y con los números de serie de los lingotes consultables públicamente. El cambio no es de precio, es de acceso.

Bitcoin: el activo que se volvió macro

Bitcoin atraviesa una transformación de naturaleza más que de precio. Tras alcanzar un máximo histórico cercano a US$126.200 el 6 de octubre de 2025, cotizaba alrededor de US$75.260 al cierre del 27 de mayo, con sesiones recientes por debajo de los US$77.000. Lo relevante no es la cifra diaria sino lo que la explica. Durante años, bitcoin se movió por dinámicas internas del ecosistema cripto. Hoy, con los fondos cotizados al contado en Estados Unidos superando los US$107.000 millones en activos bajo administración y con compañías que mantienen el activo en sus tesorerías corporativas, la formación del precio se trasladó al balance institucional. La consecuencia es que bitcoin se comporta como un activo de riesgo macro: sube y baja con el apetito por riesgo y con las expectativas de tasas, igual que las acciones tecnológicas.

La caída reciente lo ilustra con precisión. El retroceso por debajo de los US$77.000 estuvo acompañado de liquidaciones superiores a US$650 millones en 24 horas, con las posiciones largas representando cerca del 89 % del total, y de salidas institucionales relevantes en sesiones puntuales. Nada de eso responde a un evento interno del mundo cripto: responde a las tensiones en torno al Estrecho de Ormuz y a la postura de la Reserva Federal sobre tasas, los mismos factores que mueven al resto del mercado. En el horizonte estructural se mantienen la escasez programada, con el próximo halving en 2028 que reducirá la emisión por bloque, y un suministro que ya superó los veinte millones de unidades minadas. La dispersión de las proyecciones es, en sí misma, una señal del momento de transición.

Proyecciones publicadas para el cierre de 2026:

  • JPMorgan: US$170.000 por unidad al cierre del año.
  • Citigroup: escenario base de US$143.000, con un alcista de hasta US$165.000.
  • Bernstein y Standard Chartered: US$150.000 y US$100.000 respectivamente, esta última tras una revisión a la baja.
  • Goldman Sachs: hasta US$200.000 condicionado a recortes de tasas y a una mayor claridad regulatoria.

“La caída de bitcoin por debajo de los US$77.000, con liquidaciones por más de US$650 millones y salidas institucionales, no responde a un movimiento interno del ecosistema cripto, responde a la geopolítica y a la Reserva Federal. Cuando un activo se mueve al ritmo de los titulares macroeconómicos, ya no es un activo de nicho, es un activo de portafolio con todas sus consecuencias. Su volatilidad es estructural y cualquier exposición debe dimensionarse con plena claridad sobre el riesgo”, señala Torroledo.

El acceso minorista también se desplazó del exchange internacional hacia las plataformas locales. Littio, por ejemplo, integró bitcoin con precio actualizado cada veinte segundos a través de su alianza con Ouinex y con operación dentro de la propia plataforma, sin necesidad de registrarse en intermediarios del exterior. Es el mismo patrón del oro: el activo ya estaba disponible para el gran capital; lo que cambió es que ahora también lo está para el minorista colombiano.

La lectura integrada: cuatro activos, cuatro funciones distintas

Puestos en un mismo plano, los cuatro mercados cuentan una historia coherente. El dólar y el euro se fortalecen frente al peso por la combinación de un dólar global firme y una prima de riesgo local en aumento. El oro y bitcoin corrigen en el corto plazo por el peso de las tasas y la aversión al riesgo, pero por razones distintas en cada caso: el oro sostiene una demanda soberana estructural, y bitcoin atraviesa su consolidación como activo institucional. Para el hogar colombiano con perfil global, el punto no es elegir un ganador, sino entender que cada activo cumple una función diferente dentro de un balance. El dólar y el euro operan como reserva de valor líquida; el oro, como refugio de baja correlación con el peso; y bitcoin, como una posición de mayor riesgo y mayor volatilidad que exige dimensionamiento.

El cambio de fondo de esta década no está en los precios, sino en el acceso. Diversificar el balance hacia dólares, euros, oro o bitcoin exigía hasta hace poco cuentas en el exterior, intermediarios especializados y patrimonios grandes. Hoy esa decisión puede tomarse desde un celular y partiendo de un dólar digital, en plataformas como Littio que reúnen las cuatro clases de activo en un mismo balance multimoneda, con comisiones visibles antes de confirmar cada operación y liquidez inmediata. Esa es la transformación que vuelve la conversación relevante para una familia promedio y no solo para un tesorero corporativo.

“La conversación de fondo para el hogar colombiano con perfil global ya no es si conviene diversificar, sino cómo hacerlo de forma eficiente y desde un solo lugar. Hasta hace pocos años, mover parte del balance hacia dólares, euros, oro o bitcoin exigía cuentas en el exterior, intermediarios especializados y patrimonios grandes. Hoy puede hacerse desde un celular, partiendo de un dólar digital, con comisiones visibles antes de confirmar y liquidez inmediata. Eso es democratizar el acceso, no prometer resultados”, concluye Torroledo.

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