Por: Ana Karina Quessep Alcove – Presidente de la Asociación Colombiana de BPO (BPrO) y miembro de la Alianza por la Innovación Tecnológica (AIT)
Colombia tiene el talento, pero no lo está aprovechando donde más importa. El avance de la economía digital en el país no puede entenderse sin el papel de las mujeres en sectores como la tecnología y el BPO. Han sido protagonistas en la operación, en la gestión de clientes y en la implementación de soluciones que hoy conectan a Colombia con el mundo.
Sin embargo, ese protagonismo no se refleja en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas. En una industria donde la competitividad depende del talento, esta brecha no es menor. Limitar el desarrollo del talento femenino en posiciones de liderazgo impacta directamente la capacidad del país para sofisticar su oferta de servicios y avanzar hacia modelos de mayor valor agregado.
Colombia ha logrado posicionarse como un actor relevante en industrias intensivas en conocimiento. Pero el siguiente paso no está en crecer en volumen, sino en evolucionar hacia servicios más especializados, lo que exige liderazgo estratégico, capacidades digitales y diversidad en la toma de decisiones.
En ese contexto, la participación de las mujeres no es un asunto accesorio. Es una condición de competitividad. Aprovechar plenamente ese talento implica ir más allá de la vinculación laboral. Requiere fortalecer la formación en habilidades digitales, facilitar el acceso a carreras STEM y consolidar entornos organizacionales que permitan a más mujeres liderar la transformación tecnológica y empresarial.
Porque cuando el talento se desarrolla sin restricciones, los resultados son claros: organizaciones más innovadoras, más adaptables y mejor preparadas para competir en un mercado global.
Desde mi experiencia, el liderazgo femenino no solo amplía la participación, sino que transforma la forma en que se toman decisiones y se construyen organizaciones hacia el futuro.
Por eso, plataformas como Mujeres TIC son fundamentales. No solo visibilizan talento, están formando y conectando a las mujeres que liderarán la próxima etapa de la economía digital del país.
En esa misma línea, espacios como la Alianza por la Innovación Tecnológica (AIT) refuerzan este reto al promover el desarrollo de talento digital, la adopción tecnológica y la participación de distintos actores en la construcción de una agenda de transformación más inclusiva y competitiva.
El reto es claro: generar las condiciones para que el talento no solo participe, sino que también decida, en un contexto donde la inteligencia artificial y la transformación digital están redefiniendo el mercado laboral y elevando la demanda de perfiles especializados y diversos.
El futuro del sector y de la economía digital no puede seguir construyéndose, dejando talento por fuera. La inclusión y la formación pertinente ya no son opcionales, sino clave para sostener la competitividad y el crecimiento.