El kartista colombiano acelera su salto internacional con disciplina extrema, sacrificio familiar y una inversión que supera $3.800 millones en 2026.
Un presupuesto cercano a US$1 millón en 2026 marca el nivel de apuesta que la familia Ávila está haciendo por el futuro deportivo de Samuel, un niño colombiano de apenas 10 años que hoy compite en karting internacional y cuyo objetivo declarado es llegar a la Fórmula 1. La cifra, equivalente a unos $3.800 millones, refleja no solo el costo del deporte, sino la dimensión del proyecto familiar que respalda su carrera.
El proceso no ha sido improvisado. Según Orlando Ávila, padre del piloto, el talento de Samuel empezó a evidenciarse cuando, tras probar varios deportes como natación, fútbol y tenis, encontró en el karting una pasión que lo llevó a dedicarle más tiempo y disciplina que otros niños de su edad. “La diferencia está en que él hace un poco más que los demás. Si otros entrenan 100 vueltas, él hace 150”, explica.
Ese enfoque lo llevó a competir en campeonatos como Rotax, Vortex y Easykart, donde logró consolidarse como subcampeón nacional en 2025, además de dar el salto a escenarios internacionales.
Ese enfoque se ha traducido en una rutina exigente que incluye entrenamientos constantes, competencias en Estados Unidos y preparación académica bajo modalidad homeschool. La familia ha reorganizado su vida alrededor de las pistas, con jornadas que comienzan incluso a las cuatro de la mañana para cumplir con itinerarios de viaje y competencia.
Más allá del rendimiento físico, el proyecto también está marcado por un componente mental y espiritual. Orlando Ávila asegura que la fortaleza emocional de su hijo se basa en la fe y en una preparación diaria enfocada en la visualización de metas. “Las carreras se ganan en la mente”, afirma, al destacar que el control de la presión es clave en un deporte donde una milésima puede definir posiciones.
El costo de este camino ha implicado renuncias importantes. La familia reconoce haber dejado de lado actividades sociales, tiempo libre e incluso la interacción cotidiana con amigos para priorizar el desarrollo deportivo. “Es un sacrificio total, pero es lo que nos ha llevado a donde estamos”, sostiene el padre.
Aun así, Samuel mantiene espacios propios de su edad. Fuera de la pista, comparte con su familia, juega con sus mascotas y realiza actividades cotidianas, aunque siempre con la mente puesta en la competencia.
El proyecto, sin embargo, apenas comienza. La familia ya tiene definida una agenda internacional que incluye competencias en Estados Unidos y América Latina, en un calendario que busca acelerar su curva de aprendizaje frente a pilotos con más años de experiencia.
La apuesta es clara. Más que resultados inmediatos, el objetivo es construir una trayectoria sostenible en un deporte altamente competitivo y costoso. “Esto es solo el inicio de ver a un campeón”, concluye Orlando Ávila, convencido de que la combinación de disciplina, enfoque y respaldo familiar puede convertir el sueño en realidad.