Lo que empezó como una caída empresarial terminó convirtiéndose en un modelo que hoy asesora a más de 1.000 empresas en Colombia. Detrás está Alexander Grajales, un negociador internacional que, lejos de seguir el camino tradicional del derecho, decidió replantear el acceso a la asesoría jurídica para pequeñas y medianas empresas.
La historia no arranca en una oficina de abogados, sino en un call center. Corría el año 2010 y Grajales lideraba una operación de más de 70 personas dedicada a vender tarjetas de crédito. Durante siete años, el negocio funcionó sin mayores contratiempos, hasta que un día el cliente dejó de pagar. No había contrato. No había respaldo. Y no fue un caso aislado: la misma situación afectó a decenas de empresas en el sector.
“¿Por qué nos pasó esto? Porque no teníamos un contrato”, recuerda Grajales. La respuesta fue tan evidente como reveladora. En medio de esa crisis, y tras una conversación con otros empresarios que enfrentaban el mismo problema, surgió una idea que marcaría el rumbo de su carrera: crear un modelo de asesoría legal accesible para quienes, como él, no podían costear una estructura jurídica robusta.
El modelo no fue exitoso desde el inicio. Durante sus primeros años, la compañía enfrentó dificultades para consolidar una estructura rentable. Sin embargo, el aprendizaje constante y la iteración del servicio permitieron ajustar la propuesta hasta encontrar un punto de equilibrio. Hoy, el enfoque está claro: atender empresas que facturan entre 1.000 y 20.000 millones de pesos anuales, un segmento que suele quedar en un limbo entre las grandes firmas y la informalidad.
En ese universo, las necesidades legales son más frecuentes de lo que parece. Desde la falta de registro de marca hasta errores en contratos laborales o acuerdos entre socios, los riesgos son múltiples. “Hay empresarios que construyen una marca durante años sin registrarla. Cualquiera puede hacerlo primero y obligarlos a empezar de cero”, advierte.
El liderazgo, en su caso, también pasa por la cercanía. Conocer a su equipo, entender sus motivaciones y construir relaciones más allá de lo laboral son parte de su estilo. A esto se suma una característica clave: la toma de decisiones rápida. “Si algo no funciona, hay que ajustarlo. Sin miedo a fallar”, dice.
De cara al futuro, la ambición es escalar el modelo. La meta no se limita a consolidarse en Colombia, sino a expandirse en América Latina, donde el 93 % de las empresas son pymes y, en su mayoría, no cuentan con una estructura legal sólida. “Es un modelo replicable. Hay una oportunidad enorme”, asegura.
En ese camino, el reto no es solo crecer, sino mantener la esencia. Para Grajales, el equilibrio entre la vida personal y el trabajo también es parte del liderazgo. “No se trata de trabajar todo el tiempo, sino de trabajar bien. Definir horarios, ser productivo y también tener espacio para la familia”, señala.