Por: Karen Carvajalino – CEO The Biz Nation y miembro de la alianza por la innovación tecnológica
Durante años hablamos de la inteligencia artificial como si el principal reto fuera tener acceso a la tecnología. Hoy sabemos que no es así.
Las herramientas existen. Las inversiones están llegando. Las empresas están experimentando. Incluso Colombia se ha convertido en uno de los países con mayor avance regulatorio en inteligencia artificial de América Latina.
Sin embargo, los resultados todavía no están apareciendo a la velocidad esperada.
Un dato reciente de HubSpot refleja una realidad interesante: el 82% de las empresas colombianas ya utiliza inteligencia artificial en alguna medida. Sin embargo, un 12% afirma que aún no ha logrado demostrar un retorno claro sobre su inversión. La cifra deja una pregunta incómoda sobre la mesa: si la tecnología ya está presente, ¿por qué los resultados no siempre llegan?
Porque la inteligencia artificial nunca ha sido solamente un tema de inversión.
Tampoco es un tema de comprar licencias, contratar una plataforma o abrir una cuenta en una nueva herramienta.
La verdadera transformación ocurre cuando una organización desarrolla las capacidades necesarias para aprovecharla.
El reciente informe “Análisis del entorno IA en Colombia”, elaborado por el TIC Tank de la Universidad del Rosario, muestra precisamente esa realidad. Aunque el país ha avanzado de manera importante en regulación, persisten brechas profundas en talento, infraestructura, apropiación y capacidad de implementación.
De hecho, el 38% de las empresas identifica la falta de talento especializado como el principal obstáculo para adoptar inteligencia artificial. Al mismo tiempo, solo el 18% de los usuarios de internet en Colombia utilizó herramientas de IA durante 2024.
El problema no es la tecnología.
El problema es que estamos intentando incorporar una nueva forma de trabajar sobre estructuras diseñadas para el pasado.
Es como querer construir un rascacielos sobre los cimientos de una casa antigua.
Podemos traer los mejores materiales, contratar a los mejores arquitectos e invertir millones de pesos. Pero si la base no soporta la nueva estructura, el proyecto nunca alcanzará su potencial.
Muchas organizaciones están cometiendo exactamente ese error.
Incorporan inteligencia artificial, pero mantienen procesos lentos. Compran herramientas modernas, pero conservan culturas que castigan la experimentación. Hablan de innovación, pero siguen tomando decisiones con la misma velocidad y metodología de hace diez años.
La IA no es una capa que se agrega encima de lo que ya existe.
La IA obliga a repensar la manera en que trabajamos, aprendemos, lideramos y resolvemos problemas.
Por eso la conversación nacional no debería centrarse únicamente en cuánto dinero estamos invirtiendo en inteligencia artificial, sino en qué tan preparados estamos para transformarnos alrededor de ella.
Necesitamos más formación que regulación.
Más adopción que discursos.
Más experimentación que planeación infinita.
Y, sobre todo, necesitamos entender que la inteligencia artificial no reemplaza la necesidad de desarrollar talento humano. La amplifica.
Los países que liderarán esta nueva era no serán necesariamente los que tengan más tecnología. Serán los que logren que más personas sepan utilizarla para resolver problemas reales.
Colombia ya dio un paso importante al construir una hoja de ruta para la inteligencia artificial.
Ahora viene la parte más difícil. Aprender a usarla para transformar la realidad.
Porque el futuro no se construye instalando herramientas nuevas sobre estructuras viejas. Se construye teniendo el valor de rediseñar los cimientos.