Juan Sebastián Castaño trasladó su experiencia en materiales y superficies industriales al desarrollo de productos especializados para limpiar, proteger y prolongar la vida útil del calzado.
Durante años, Juan Sebastián Castaño estudió el comportamiento de los materiales frente al agua, los químicos, el desgaste y las condiciones extremas. Lo hizo en plantas de producción y proyectos de construcción industrial, sin imaginar que ese conocimiento terminaría aplicado a un escenario completamente diferente: el cuidado de los sneakers.
De esa experiencia nació Shinner Lab, una empresa colombiana especializada en productos para la limpieza, el cuidado y la protección del calzado. Su punto de partida fue sencillo: unas zapatillas pueden combinar cuero, gamuza, nubuck, textiles, malla, caucho y espuma, materiales que no deberían limpiarse ni tratarse de la misma manera.
Castaño encontró allí un problema similar al que había enfrentado durante años en la industria: utilizar una solución sin conocer primero las características de la superficie. Por eso, la propuesta de Shinner Lab parte del análisis de cada material para desarrollar productos y procesos acordes con sus necesidades.
Este enfoque le permitió a la marca construir una identidad propia dentro de la cultura sneaker colombiana. En un mercado dominado por soluciones genéricas y una alta competencia en precio, Shinner Lab decidió diferenciarse a través del conocimiento técnico y la especialización.
Con el tiempo, la empresa amplió su propuesta con experiencias, colaboraciones y la creación de una comunidad interesada en conservar mejor su calzado. Así, un clóset lleno de zapatillas terminó convertido en el laboratorio inesperado de un ingeniero acostumbrado a trabajar con superficies industriales.
Aunque parecen mundos distintos, la ingeniería y los sneakers comparten, para Castaño, un mismo principio: conocer los materiales para protegerlos, conservarlos y extender su vida útil.