La Nota Económica

¿El fin de una época?

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Categoría: Opinión

Por: Rodolfo Colalongo.

Docente-investigador y analista internacional.

El expresidente Carlos Menem representó el inicio de una nueva era en la Argentina y en la región en los años 90 de siglo pasado.

Fue un liberal -y populista-de la época, fiel creyente en el libre mercado, la apertura económica, la reducción del Estado y el alineamiento automático (relaciones carnales) con los EE. UU. y todo ello como el único camino posible hacia el desarrollo político, económico y social necesario para acceder al privilegiado Club de los Países Desarrollados.

Para su suerte y la desgracia de muchos, fue modelo insignia del Fondo Monetario Internacional logrando así un apoyo externo, no sólo a nivel político, sino también en lo económico con acceso a recursos casi ilimitados por parte de los organismos financieros globales, sin precedentes. Fue la locomotora a la cual el resto de los países de la región y el mundo subdesarrollado debían acoplar sus vagones para dirigirse juntos hacía el progreso pleno de sus economías seudo-capitalistas, poco industrializadas y desfinanciadas.

La lógica planteada tenía su sustento teórico en las ideas de Von Hayek y sus discípulos gringos, los Chicago Boys, sin embargo, carecían de las evidencias empíricas que demostraran la efectividad de sus postulados para lo cual la Argentina de los noventa junto a los vecinos de la región se ofrecieron abiertamente para poner en práctica la idea de que el mercado tenía la capacidad de ser el nuevo regente de la vida social, política y económica de las sociedades de finales del siglo XX.

En sus inicios dio los resultados esperados, logró reducir la inflación, movilizar la economía y generar estabilidad, pero en el mediano y largo plazo las falencias estructurales de dicho modelo, conocido como neoliberalismo, junto a las deficiencias típicas locales comenzaron a evidenciarse. Poco a poco la dinámica económica se vio opacada por el aumento de la desigualdad social, la reducción del empleo vía privatización de empresas públicas de sectores estratégicos como energía, telecomunicaciones, electricidad y aerotransportes y un aumento de la vulnerabilidad externa mediante un fuerte endeudamiento en moneda extranjera y una dependencia económica cada vez mayor.

Esto fue acompañado por una constante extranjerización de las economías nacionales a tráves de la compra de las empresas públicas como así también la venta, adquisición y/o fusión del sector privado local con el internacional. La inversión extranjera directa se transformó en una venta directa de los activos nacionales y, por ende, los niveles macroeconómicos se mantuvieron más o menos iguales, pero con diferentes dueños.

Para finales de los años 90 de siglo pasado, un porcentaje importante-algunos estudios hablaban de alrededor del 30 %- de la economía argentina estaba en manos foráneas. La abundante liquidez nacional no se traslado a un aumento en las inversiones productivas sino que se transformaron en capitales especulativos que comenzaron a invertir en bolsa en otras latitudes, generándole al país un enorme déficit externo producto de una fuga mayor de divisas que las que ingresaban.

Sin embargo, el modelo neoliberal se mantuvo activo y funcionando sin mayores dificultades por 10 años y ello se dio gracias a la conjunción de varios factores. Por un lado, un amplio consenso político alrededor de la figura de Carlos Menem y sus reformas políticas y económicas.

Por otro lado, se logró controlar la inflación y eso no era poca cosa para un país con un historial tan grande de hiperinflaciones, también se consiguió darle valor internacional al peso argentino ya que, por el plan de convertibilidad, un peso argentino equivalía a un dólar norteamericano. Los viajes y las importaciones se volvieron muy baratas y apetecidas por los argentinos.

Finalmente, la enorme cohesión social en las capas medias y altas de la sociedad junto a un fuerte apoyo mediático permitió al gobierno de Menem extender la agonía durante un tiempo más. El país se hundía lentamente como el titanic mientras las clases más acomodadas junto a los políticos de turno estaban de fiesta comiendo pizza con champagne.

Si bien la Argentina fue la primera en caer como consecuencia de las políticas adoptadas durante el menemismo no fue la única en aplicar el modelo neoliberal de manera democrática, le siguió Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México y Brasil, aunque cada uno con sus matices y particularidades, pero todos con resultados similares: bajo crecimiento, alta desigualdad social, fuerte endeudamiento en moneda extranjera y una creciente vulnerabilidad externa.

La Argentina terminó su fiesta de pizza y champagne con la peor crisis institucional en la historia de la nación y, aunque a los vecinos de la región no les fue tan mal, el fracaso del modelo implementado permitió el surgimiento de gobierno populistas de izquierda que intentaron, bajo todos los medios disponibles, acabar con las reformas planteadas durante los 90’.

Ahora bien, como los procesos políticos parecen seguir una lógica cíclica, la culminación de la “Marea Rosa” en la región, dio lugar nuevamente al surgimiento de gobiernos de corte neoliberal en lo económico pero conservadores en lo social y político, una mezcla un tanto rara, pero que terminaron con resultados muy similares a los vistos en décadas pasadas aunque sus contextos fueron diversos: alto índices de polarización política, bajo consenso social, aumento del uso de redes sociales para informarse y decidir políticamente pero con un gran apoyo de los medios de comunicación tradicionales a sus ideas económicas.

En resumen, todo parece indicar que la muerte de la Carlos Menem representó, en lo simbólico, el fin del ciclo neoliberal en la región con la salida de Macri en la Argentina, Peña Nieto en México, Añez en Bolivia y, seguramente Piñera en Chile y, aunque un poco diverso, Bolsonaro en Brasil. Ahora bien, la pregunta que queda abierta sería ¿Estamos siendo testigos también del Fin de una Época? Solo la historia nos dará una respuesta.

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