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Finanzas abiertas: el riesgo que Colombia todavía no está viendo

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Categoría: Opinión
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Por: Carlos Ayalde, CEO de GatekeeperX

Hay algo interesante en los recientes ajustes de la Superintendencia Financiera frente al modelo de finanzas abiertas. Más que un cambio en el calendario, dejan ver que el sistema todavía está tratando de entender a qué se está enfrentando, porque esto no es solo una discusión de plazos.

Detrás de la ampliación del régimen de transición hay una realidad más incómoda: el ecosistema financiero colombiano sigue operando con una lógica que no corresponde al nivel de interconexión que ya empezó a construir. Y ahí es donde aparece el verdadero riesgo.

Un sistema que se abrió más rápido de lo que se entiende

La promesa de las finanzas abiertas es clara: más competencia, más innovación, mejores servicios. Pero esa misma apertura multiplica los puntos de exposición. Cada transacción, cada API, cada nuevo actor amplía la superficie donde pueden ocurrir fraudes, errores o filtraciones.

Durante años, el riesgo se gestionó por partes. El onboarding validaba identidad, el monitoreo transaccional operaba por otro lado y el cumplimiento funcionaba como un frente paralelo. Era un modelo imperfecto, pero funcional en un sistema relativamente cerrado. Hoy ya no alcanza.

El problema es que muchas organizaciones, incluidas varias fintech, siguen operando bajo esa lógica fragmentada en un entorno que dejó de serlo. El resultado no es solo ineficiencia, sino puntos ciegos en la información, menor trazabilidad y una capacidad limitada de reacción.

En la práctica, esa fragmentación ya tiene efectos medibles: altos niveles de falsos positivos, reprocesos, backlog de alertas, dependencia de revisión manual y pérdidas millonarias para las compañías.

Las organizaciones que ya están evolucionando hacia modelos integrados están viendo algo interesante: reducciones cercanas al 40 % en falsos positivos, caídas de entre 40 % y 50 % en los tiempos de análisis por caso, disminuciones de entre 30 % y 40 % en las alertas manuales y la capacidad de procesar entre dos y tres veces más casos con el mismo equipo. Más que eficiencia, esto refleja el tamaño del problema que todavía no se está gestionando correctamente.

El fraude que viene no se parece al de antes. Se mueve entre plataformas, aprovecha integraciones débiles y explota esas desconexiones internas que aún existen, lo que hace que el monitoreo en tiempo real deje de ser una aspiración y se vuelva una necesidad básica, sin tener en cuenta los avances en fraude de la inteligencia artificial y servicios de Fraude como servicio (Fraud as a Service) que están creciendo de manera acelerada.

Cumplir ya no es suficiente, es lo mínimo

Lo mismo pasa con la vinculación de usuarios. En un ecosistema abierto, un error en el onboarding ya no se queda dentro de una sola entidad: puede escalar y generar impactos en cadena.

Aun así, muchas empresas siguen midiendo su madurez en función de si cumplen o no con la norma, y ese es, quizás, el mayor error de lectura en este momento.

El ajuste regulatorio no debería interpretarse como un respiro, sino como una advertencia. El regulador reconoce que la transición es más compleja de lo previsto, pero el riesgo no se está moviendo al mismo ritmo que los plazos.

En este contexto, la falta de trazabilidad, la evidencia dispersa y los modelos de monitoreo parciales no son solo problemas operativos: implican mayor exposición regulatoria y mayor probabilidad de detectar tarde riesgos críticos.

Hoy, además, el estándar ya cambió. El monitoreo en tiempo real, la cobertura total de transacciones y la trazabilidad completa para auditoría empiezan a marcar la referencia del mercado.

Para el ecosistema fintech, esto es especialmente relevante. Su velocidad de crecimiento puede convertirse en su principal vulnerabilidad si no viene acompañada de una arquitectura sólida de gestión de riesgo.

No se trata de frenar la innovación, sino de entender que, en un entorno abierto, crecer sin visibilidad es crecer expuesto.

En un sistema financiero que empieza a abrirse de verdad, esa capacidad va a marcar la diferencia entre quienes logren competir y quienes queden expuestos sin siquiera entender por qué.

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