Ingeniero Metalúrgico – Especialista QA/QC – Profesional en Proyectos Energéticos Sostenibles Durante mis años de formación universitaria, en los años ochenta, ya se escuchaba con insistencia la necesidad de aprovechar las energías alternativas: la fuerza del viento, el poder del agua, la radiación del sol o el movimiento del mar. Eran ideas visionarias que despertaban debates apasionados en los foros académicos, cuando apenas comenzaban los primeros estudios teóricos sobre fuentes limpias y sostenibles. En aquel entonces, el mundo seguía girando al ritmo de los combustibles fósiles, pilares de la economía global desde comienzos del siglo XX, mientras las advertencias sobre su impacto ambiental eran ignoradas por considerarse demasiado lejanas o irrelevantes.
Ya desde la década de 1960, algunos científicos y ambientalistas alertaban sobre los efectos acumulativos de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, el deterioro de la capa de ozono y el impacto de las radiaciones solares en la salud del planeta. Esas advertencias, que en su momento parecían apocalípticas y poco realistas, hoy se manifiestan con crudeza en la realidad: sequías prolongadas, huracanes devastadores, incendios forestales, temperaturas extremas y desastres naturales que afectan, sobre todo, a las comunidades más vulnerables. La humanidad enfrenta ahora el costo de haber postergado decisiones trascendentales durante más de medio siglo.
Ahora, en pleno siglo XXI, el desafío es inaplazable. Los países deben unirse para impulsar el desarrollo de parques fotovoltaicos, eólicos, hidroeléctricos y, bajo estrictos controles, nucleares. Estas inversiones —que demandan recursos, conocimiento, innovación y responsabilidad social— son fundamentales para consolidar una nueva economía basada en la sostenibilidad. Al mismo tiempo, impulsan sectores complementarios como el automotriz, que avanza en la producción de vehículos eléctricos e híbridos, o el de almacenamiento energético, que desarrolla baterías más eficientes y reciclables. La transición energética, más que un cambio tecnológico, representa una transformación cultural y económica que redefine la manera en que producimos, consumimos y coexistimos con la naturaleza.
Como profesional con amplia experiencia en soldadura, inspección, control de calidad y supervisión de proyectos industriales, he dedicado mi carrera a garantizar la eficiencia, la seguridad y la trazabilidad en la fabricación y el montaje de equipos. Mi propósito actual es contribuir a proyectos de energía alternativa que transformen los recursos naturales en energía limpia, confiable y accesible para todos. Creo firmemente que el conocimiento técnico, cuando se orienta al bien común, puede convertirse en una poderosa herramienta para promover un progreso sostenible.
La transición energética no es solo una necesidad técnica, sino también un compromiso ético con el planeta y las generaciones futuras. Invertir en tecnologías limpias, fortalecer las políticas públicas, capacitar al talento humano y fomentar la cooperación internacional son pasos urgentes para reducir al mínimo las emisiones y acelerar el cambio hacia un modelo energético responsable. No podemos posponerlo más.
Las energías alternativas no son una utopía: son la oportunidad real de salvar al mundo de sus propias limitaciones. La decisión está en nuestras manos, en las de los gobiernos, las empresas y los profesionales comprometidos con un planeta más equilibrado, eficiente y humano. Si actuamos con visión, conocimiento y responsabilidad, aún estamos a tiempo de construir un futuro en el que la energía no sea sinónimo de contaminación, sino de esperanza y renovación.
