- El índice de envejecimiento de Colombia pasó de 36,7 personas de 65 años y más por cada 100 menores de 15 años en 2024 a 46,9 en 2026 y podría llegar a 200,2 en 2070, según las proyecciones actualizadas del DANE.
En 2026, PADF Colombia vinculó a 4.100 personas a sus proyectos mediante procesos de acompañamiento, fortalecimiento de capacidades y bienestar dirigidos a personas mayores, sus familias, personas cuidadoras, centros de atención y comunidades en diferentes regiones del país.
Colombia atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento poblacional que plantea nuevas dinámicas para la economía, el mercado laboral, los sistemas de cuidado y la vida en los territorios. Las proyecciones actualizadas del DANE muestran que el índice de envejecimiento pasó de 36,7 personas de 65 años y más por cada 100 menores de 15 años en 2018 a cerca de 49,1 en 2026. De mantenerse las tendencias proyectadas, en 2050 el indicador llegaría a 135,9 y para 2070 podría alcanzar aproximadamente 283,7. Esto significa que, dentro de 44 años, Colombia tendría cerca de tres personas de 65 años y más por cada menor de 15 años.
Este cambio demográfico también plantea nuevos retos para la protección y el cuidado de las personas mayores, especialmente en situaciones de emergencia. El terremoto del pasado 10 de agosto mostró cómo factores como la movilidad, las condiciones de salud, las redes de apoyo y la seguridad de la infraestructura pueden aumentar los riesgos para algunas personas mayores. En Cali, 65 residentes de un hogar geriátrico quedaron sin un lugar seguro después de que la edificación resultara inhabitable. En Manizales, una fundación tuvo que buscar alternativas para reubicar a 16 personas mayores ante los riesgos estructurales de su entorno.
Por eso, a pocos días del Día Nacional del Adulto Mayor, que este año se conmemora el 30 de agosto, estos casos ponen en primer plano una conversación pública cada vez más urgente: ¿está Colombia preparada para responder a las necesidades de una población que envejece? La gestión del riesgo, la infraestructura, los sistemas de cuidado y la respuesta humanitaria deberán incorporar, de manera creciente, las diversas condiciones, necesidades y capacidades que acompañan el proceso de envejecimiento.
Comprender esas diferencias antes de actuar es precisamente uno de los principios que orientan el trabajo de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF) en Colombia. Durante 2026, la organización ha vinculado a más de 4.100 personas —entre personas mayores, cuidadoras, familiares y miembros de las comunidades— a procesos de acompañamiento, fortalecimiento de capacidades y bienestar en diferentes regiones del país.
En cerca de 50 municipios, este trabajo se ha traducido en 200 jornadas de acompañamiento psicosocial que han llegado a 1.827 personas mayores, así como en espacios de formación con 755 personas cuidadoras y 2.132 integrantes de las comunidades, orientados al autocuidado, el fortalecimiento de capacidades y la construcción de entornos más protectores.
La intervención parte de una premisa sencilla: para responder mejor, primero hay que conocer. Por eso, PADF contribuyó a caracterizar a 649 personas mayores, 487 personas cuidadoras y familiares, y 33 centros de atención. Este ejercicio permitió identificar necesidades asociadas con el bienestar psicosocial, las dinámicas de cuidado y las capacidades de las instituciones que acompañan a esta población.
A esta lectura se sumaron entrevistas personalizadas a 460 personas mayores en 14 departamentos. Los resultados mostraron realidades muy distintas: mientras algunas requerían alimentos o elementos de aseo, otras necesitaban lentes, camas, caminadores o sillas de ruedas. La atención diferencial comienza justamente ahí: en reconocer que compartir una edad no significa vivir las mismas circunstancias ni necesitar las mismas respuestas.
El entorno también cuenta. Cuidar a una persona mayor implica, muchas veces, acompañar a quienes están a su lado y fortalecer las redes disponibles en su comunidad. Por esta razón, PADF ha trabajado con personas cuidadoras y familiares en herramientas para el cuidado y el autocuidado, y con cerca de 650 líderes comunitarios, jóvenes, funcionarios y ciudadanos en el fortalecimiento de redes de apoyo.
Pero una Colombia más longeva no puede ser narrada únicamente desde la necesidad de cuidado o la vulnerabilidad. El envejecimiento también abre una conversación sobre autonomía, experiencia, conocimiento, trabajo, emprendimiento, consumo y nuevas oportunidades de desarrollo.
Es allí donde cobra fuerza la llamada economía plateada, que reúne la actividad económica asociada con las necesidades, capacidades y aportes de las personas de 50 años o más. Según un análisis de Banca de las Oportunidades, basado en datos del Global Longevity Economy de AARP, este grupo poblacional aportó cerca de 301,1 mil millones de dólares al PIB colombiano en 2020, equivalentes al 39,8% de la economía nacional. Para 2050, esa contribución podría representar el 42,1% del PIB.
Las cifras plantean un cambio de perspectiva: prepararse para una Colombia que envejece no significa únicamente ampliar los sistemas de atención, sino también generar condiciones para que las personas puedan conservar su autonomía, desarrollar proyectos, emprender, trabajar, consumir, transmitir sus conocimientos y continuar aportando a sus familias y comunidades.
“Para PADF, la discusión sobre envejecimiento debe avanzar hacia una perspectiva en la que las personas mayores no sean vistas únicamente como receptoras de atención, sino también como actores que aportan al desarrollo de sus comunidades y del país. La economía plateada representa una oportunidad para construir nuevas respuestas frente a una transformación demográfica que ya está ocurriendo”, señaló Roberto Obando, director general de PADF en Colombia.
En una Colombia que envejece, el desafío no es solamente vivir más años, sino lograr que esos años estén acompañados de protección, autonomía, participación, bienestar y oportunidades.