En los últimos meses, el abastecimiento de gas natural en Colombia ha sido un tema recurrente. Titulares, comentarios en redes sociales y debates públicos han generado incertidumbre sobre si el país realmente está en riesgo de quedarse sin gas.
La respuesta corta es no. Pero aquí te explicamos el contexto.
Actualmente, más de 36 millones de personas utilizan gas natural en hogares, comercios e industrias, y cada año se suman más de 100.000 usuarios nuevos solo con Vanti.
Colombia se encuentra en un momento de transición en su sistema energético. Por esta razón, expertos en el tema nos explican varios puntos principales dentro de esta coyuntura.
En primera instancia, algunos de los campos de gas que históricamente sostuvieron la producción nacional han reducido su capacidad con el paso del tiempo. Esta realidad ha obligado al país, de forma temporal, a importar gas natural.
No obstante, y, aunque el 2026 puede llegar a ser el año más retador en este sentido, las proyecciones actuales indican que el gas disponible es suficiente para atender la demanda nacional en los próximos años. A esto se suma que el país ya avanza en el desarrollo de nueva infraestructura de regasificación para el 2027 y para el 2030 se espera que el gas proveniente del pozo Sirius, en el Caribe, garantice la autosuficiencia de abastecimiento y reduzca la necesidad de importaciones.
¿Suministro asegurado sin interrupciones?
Uno de los temas que más inquieta a los colombianos es la posibilidad de interrupciones en el servicio. Sin embargo, el suministro para los hogares, los comercios y los usuarios regulados no residenciales está totalmente garantizado. El sistema ha priorizado estos usos básicos, por lo que no se esperan cortes para los usuarios.
Los mayores retos pueden concentrarse en sectores más intensivos en consumo como el gas vehicular (GNV) o industrias que usan más de 85.000 m³ por mes. Aquí las condiciones pueden sentirse un poco más tensas en 2026, dado que se deriva de la distribución prioritaria de la producción nacional hacia usos regulados.
Aun así, se trata de ajustes puntuales y no de un colapso del sistema.
¿Y qué pasa con los precios?
La entrada de gas importado implica costos adicionales que, inevitablemente, se reflejarán en las facturas para usuarios residenciales y comerciales en 2026.
Aunque este incremento ha generado inconformidad, los expertos en el tema aseguran que se trata de un efecto temporal a medida que entren en operación las nuevas infraestructuras y se estabilice la oferta nacional.
El debate sobre el gas natural necesita menos ruido y más información. Lo que está ocurriendo no es un “colapso energético” ni un desabastecimiento masivo, el país sí está enfrentando una transición que requiere de planeación, inversión e información basada en datos y no significa que se esté quedando sin gas.
La conversación, entonces, no debería centrarse en el alarmismo, sino en cómo garantizar un abastecimiento seguro y sostenible en el futuro.