Tras un fin de semana que dinamizó el comercio en el país, la conversación ya no es solo cuánto se vendió, sino qué pasará con los empaques que quedaron. La tecnología detrás de los envoltorios de regalos está cambiando, y el reto ahora es que el reciclaje sea efectivo.
Las cifras de este año confirman que San Valentín continúa ganando terreno en Colombia. Tan solo en Bogotá, según FENALCO, uno de cada cinco ciudadanos celebró la fecha, impulsando sectores como restaurantes, floristerías y chocolaterías. Pero pasada la euforia, surge una pregunta menos romántica: ¿a dónde van a parar los empaques de esos regalos?
Históricamente, muchos de los empaques que protegen chocolates y otros regalos han estado compuestos por múltiples capas de materiales combinados para cumplir la función crítica de evitar el paso de humedad y oxígeno, conservar aroma y textura, y resistir manipulación y transporte. Esa mezcla de capas, aunque efectiva para proteger el producto, hacía más compleja su recuperación en los sistemas tradicionales de reciclaje.
Hoy, la industria del empaque enfrenta una transición necesaria. De acuerdo con el Global Packaging Survey 2025 de McKinsey, el 51 % de las personas encuestadas considera el impacto ambiental del empaque como un elemento clave en su decisión de compra, y la reciclabilidad es el atributo de sostenibilidad más valorado a nivel global. Esto ha impulsado el rediseño de estructuras hacia soluciones más simples, sin perder desempeño.
“Hoy las compañías no solo compiten en diseño o calidad, también en cómo gestionan el impacto de sus productos a lo largo de todo su ciclo de vida. El desafío está en desarrollar empaques que protejan el contenido, mantengan la experiencia y estén diseñados desde el origen para facilitar su reciclaje. En Dow acompañamos a marcas y convertidores en ese proceso, integrando ciencia de materiales para crear soluciones que simplifican estructuras, pero mantienen sus propiedades”, explica Marcos Sato, director de Ventas del negocio de Empaques y Plásticos de Especialidad para la Región Andina en Dow.
Tecnologías como la orientación en dirección de máquina (MDO) permiten reorganizar el material para hacerlo más resistente y eficiente. En la práctica, esto significa que el empaque puede ser más delgado, usar menos material y al mismo tiempo proteger igual o mejor el alimento. Así, es posible conservar productos sensibles como chocolates sin recurrir a estructuras complejas, lo que facilita su reciclabilidad posterior.
Sin embargo, diseñar empaques más compatibles con el reciclaje es solo una parte del desafío. El impacto real depende de lo que ocurre después de que el consumidor abre el regalo.
¿Cómo reciclar correctamente el empaque de su regalo?
Para que un empaque tenga una segunda vida, no basta con que sea técnicamente reciclable. También es necesario que sea separado y gestionado de forma adecuada. Algunas recomendaciones clave:
- Revise el material: si el empaque está compuesto por un solo tipo de plástico flexible (sin capas metálicas visibles), es más probable que pueda ser recuperado en corrientes de reciclaje especializadas.
- Retire residuos visibles: un enjuague ligero para eliminar restos de alimento ayuda a evitar contaminación del material reciclable.
- Separe papel y plástico: si el regalo incluye cajas de cartón y envolturas plásticas, deben depositarse por separado.
- Evite mezclar con residuos orgánicos: los empaques deben ir limpios y secos a la bolsa correspondiente.
- Infórmese sobre el sistema local: no todos los municipios gestionan los mismos materiales. Consultar las directrices locales mejora la efectividad del reciclaje.
En un mercado donde fechas como San Valentín dinamizan el comercio, el verdadero desafío no termina cuando se abre el regalo. La conversación apenas comienza en el momento en que el empaque entra en la etapa de disposición. Integrar innovación, protección y circularidad ya no es una tendencia, es una condición para que las celebraciones de hoy no se conviertan en el pasivo ambiental del mañana.