En un contexto de déficit proyectado y volatilidad tarifaria, Azimut Energía implementa un modelo de Energy as a Service que permite a las empresas reducir entre un 20% y un 50% su gasto energético.
En los últimos cinco años, las tarifas de energía en Colombia han aumentado en promedio un 15,3%, según un análisis presentado por Corficolombiana, llegando incluso a superar los niveles de países como México, Ecuador o Brasil. No obstante, el impacto real de esta situación lo vienen asumiendo las compañías, quienes no solo enfrentan una alta demanda energética, sino que, en periodos de volatilidad del sistema, pueden registrar incrementos de hasta un 40% en las tarifas de bolsa, lo que llega a impactar en su flujo de caja.
Con el propósito de transformar este escenario, los empresarios colombianos Camilo Montoya y Santiago Uribe fundaron Azimut Energía, compañía desde la cual han liderado, durante más de 15 años, la conversación sobre eficiencia energética en la industria. Factor que, en términos reales, se demuestra por la aplicación de estrategias integrales y la implementación de tecnologías especializadas que logran alcanzar hasta la reducción en el consumo energético entre un 20 % y un 50 %, dependiendo del alcance del proyecto.
Tan solo en el último año, han generado ahorros acumulados superiores a los $164.000 millones al trabajar con más de 1000 compañías colombianas. Pero, más allá del impacto financiero, el gran hito es que han logrado mitigar hasta 150.000 toneladas de CO₂, lo que equivale a plantar más de dos millones de árboles.
“Hemos desarrollado un modelo propio de Energía 4.0. La diferencia radica en que no se limita a cambiar luminarias o instalar paneles solares; integra digitalización profunda, hardware propio como su Gateway y el ecosistema CIRA (Control Inteligente y Remoto de Activos), analítica de datos en tiempo real y una estrategia diseñada a la medida de cada sector industrial”, explica Camilo Montoya, gerente general de Azimut Energía.
Actualmente, el déficit proyectado de capacidad firme para 2027 podría ubicarse entre 1.500 y 2.000 MW, según estimaciones sectoriales citadas por la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME). Esto se traduce en términos empresariales a una mayor demanda, menor oferta firme y mayor volatilidad en los precios.
“Hoy estamos viendo un cambio de mentalidad en la industria: las empresas ya no buscan eficiencia solo para ‘ser verdes’, sino para desacoplar sus costos de producción de la volatilidad del mercado eléctrico”, agrega Santiago Uribe, cofundador de Azimut Energía.
El siguiente gran paso de esta compañía fue eliminar la principal barrera para muchas empresas de entrada, que es el capital inicial. Para ello incorporaron un esquema de Energy as a Service (EaaS), en el que el ahorro energético financia la inversión. A través de modelos como Pago con Ahorros (PCA) y contratos PPA (Power Purchase Agreement), las compañías pueden modernizar sus activos sin afectar su flujo de caja, trasladando el riesgo técnico y financiero al estructurador del proyecto.
Con la mirada puesta en 2030, Azimut Energía proyecta su expansión hacia Ecuador, Panamá, Nicaragua y Guyana.
Esta estrategia de crecimiento se apoyará en tres pilares fundamentales. El primero consiste en integrar sistemas de baterías a escala industrial para realizar peak shaving (reducción de picos de demanda) y ofrecer respaldo ante fallas en la red. El segundo se enfoca en incorporar inteligencia artificial predictiva para anticipar el comportamiento del mercado y optimizar los activos antes de que se materialice el gasto energético.
“El tercero se centra en consolidar nuestro modelo financiero, que hasta hoy ha sido uno de nuestros mayores diferenciales competitivos. Más aún si se tiene en cuenta que, gracias a una alianza estratégica, contamos con más de $150.000 millones para invertir en los próximos dos años en proyectos de eficiencia energética”, concluye Uribe.