Por Ricardo Dicarlo – Profesor Investigador de Colegio de Estudios Superiores de Administración
El 12 de abril se celebra el Día Mundial del Helado y quiero compartir esta reflexión.
Durante muchos años, uno de los ejemplos más utilizados para explicar la correlación en estadística fue el del helado y el calor o el clima: a mayor temperatura, mayor es la venta y el consumo de helado. Esta relación directa parece tan evidente que muy pocas veces se cuestiona o se buscan datos que la respalden. Los entornos calurosos impulsan la demanda, mientras que el frío la reduce. Es un razonamiento, simple, intuitivo e incuestionable.
Sin embargo, si se realiza un análisis más profundo y se observan los datos correspondientes a diferentes países, esta aparente verdad ya no es tan real.
El análisis del consumo per cápita de helado en distintos países, basado en datos de Euromonitor, revelan una realidad diferente: no existe una relación significativa entre la temperatura promedio de los diferentes países y su nivel de consumo. Si tomamos los datos del consumo y lo contrastamos con la temperatura y características de cada país provenientes de World Bank, se observa que algunos de los países de mayor consumo y sus climas como pueden ser Estados Unidos, China, Chile o incluso Argentina presentan niveles de consumo superiores a los de países con temperaturas más altas, como Colombia o Brasil.
Este hallazgo no solo cuestiona una idea comúnmente aceptada, sino que pone en evidencia un problema más profundo: la tendencia a explicar comportamientos complejos a partir de variables aparentemente obvias.
Los análisis de datos demuestran que el consumo de helado no responde de manera directa al clima. Puntualmente pueden identificarse días calurosos con bajos niveles de venta, así como momentos en climas templados o incluso fríos donde el consumo aumenta. Esto sugiere que esta relación, aceptada como una verdad, no es tan real como se piensa.
De la misma forma que nos pasa con los helados de igual manera nos pasa en las empresas, en la cultura empresarial hay verdades que son irrefutables y aceptadas sin considerar otras variables o variables exógenas a las tradicionales para el análisis.
Es común en la cultura empresarial encontrar explicaciones que, por repetición y aparente lógica, se consolidan como principios operativos: “más inversión genera más ventas”, “más reportes implican mayor control” o “más datos garantizan mejores decisiones”. Estas afirmaciones, aunque pueden tener algunas bases y fundamentos, se adoptan sin realizar un análisis de todas las variables y como estas inciden en los resultados.
El mayor riesgo está presente cuando esas ideas forman parte de la cultura y dejan de ser hipótesis para convertirse expresiones que guían nuestro comportamiento
Al igual que con el helado, donde el clima parecía explicar el consumo, muchas decisiones empresariales se apoyan en modelos simplificados más bien sesgados por conocimiento o verdades asumidas que no incorporan variables contextuales, sociales o incluso emocionales. Factores como la cultura organizacional, los incentivos, la percepción del cliente o las dinámicas del entorno suelen quedar sin ser utilizadas en los análisis de datos e información.
En este escenario, el desafío no es descartar los datos y realidades actuales, sino cambiar el punto de vista y la mirada para cuestionar lo que parece evidente, incorporar nuevas variables y comprender que la realidad organizacional, al igual que el comportamiento del consumidor de helado, poseen una mayor complejidad que debemos incorporar para conocer la realidad.
Feliz día mundial del helado.