“El verdadero reto ya no es digitalizar facturas; es convertirlas en liquidez para las pymes”
Colombia avanza en ajustes regulatorios al Decreto 1154 mientras busca consolidar la factura electrónica como una herramienta de financiamiento empresarial. Juliana Carmona, Presidente Ejecutiva de ASOFACE, analiza por qué el país tiene hoy la oportunidad de transformar una infraestructura tributaria en una verdadera plataforma de liquidez, competitividad y crecimiento económico.
Colombia construyó en los últimos años una de las infraestructuras de factura electrónica más robustas de América Latina. Actualmente, más de 1,5 millones de empresas facturan electrónicamente y el ecosistema de factoring electrónico ya moviliza cerca de $48 billones a través del RADIAN, el sistema administrado por la DIAN para registrar la circulación y negociación de facturas electrónicas como título valor.
Sin embargo, detrás de ese avance tecnológico persiste una brecha estructural: de las más de 1,56 millones de empresas formales activas en Colombia, apenas unas 47.000 pymes están habilitadas actualmente para negociar sus facturas electrónicas y acceder a liquidez mediante factoring electrónico.
En medio de la actualización del Decreto 1154 y de una creciente conversación regional sobre financiamiento empresarial, interoperabilidad y transformación digital, La Nota Económica conversa con Juliana Carmona, Presidente Ejecutiva de ASOFACE, sobre los retos que enfrenta el país para convertir la factura electrónica en una verdadera infraestructura financiera para las empresas.
La Nota Económica: Colombia ha sido reconocida como uno de los países más avanzados en factura electrónica en América Latina. ¿Por qué todavía existe una brecha tan grande en acceso a liquidez para las pymes?
Juliana Carmona: Porque el reto ya dejó de ser tecnológico. Colombia ya tiene más de 1,5 millones de facturadores electrónicos y un ecosistema que ha movilizado cerca de $48 billones a través del RADIAN. Sin embargo, apenas unas 47.000 pymes están habilitadas actualmente para negociar sus facturas electrónicas. La brecha hoy no es digital; es de acceso real a liquidez.
Muchas empresas siguen dependiendo de dinámicas operativas y validaciones administrativas de sus grandes clientes para poder negociar sus facturas y obtener capital de trabajo. Ahí es donde aparecen las fricciones que terminan afectando flujo de caja, competitividad y capacidad de crecimiento.
¿Qué papel juega la actualización del Decreto 1154 dentro de esta conversación?
Es un paso muy importante porque busca fortalecer la circulación de la factura electrónica como título valor y reducir barreras operativas que hoy limitan el acceso a liquidez empresarial.
El objetivo central consiste en reforzar la aplicación de la temporalidad establecida en el Código de Comercio: si una factura no presenta reclamaciones dentro del plazo legal, se entiende aceptada y adquiere plena capacidad de circulación. Eso puede permitir que más empresas conviertan sus cuentas por cobrar en recursos inmediatos de manera mucho más ágil y eficiente.
Más allá del ajuste regulatorio, aquí se está abriendo una conversación de política económica sobre cómo fortalecer mecanismos de financiación para el tejido empresarial colombiano.
¿Por qué este tema debería importarle al sector empresarial y no quedarse únicamente en una discusión regulatoria?
Porque aquí estamos hablando de competitividad empresarial y sostenibilidad financiera.
Las mipymes representan más del 99% del tejido empresarial colombiano y generan una parte fundamental del empleo del país. Cuando una empresa logra convertir una factura a 60 o 90 días en liquidez inmediata, puede sostener operación, pagar nómina, invertir y crecer sin depender exclusivamente del crédito bancario tradicional.
El factoring electrónico no debe verse como una herramienta marginal o especializada. Hoy puede convertirse en una plataforma para democratizar acceso a capital de trabajo.
Usted ha insistido en que los grandes pagadores también tienen un rol determinante. ¿Por qué?
Porque el comportamiento de los grandes pagadores impacta directamente la liquidez de miles de proveedores y pequeñas empresas.
Cuando una organización agiliza procesos de aceptación de facturas y reduce fricciones administrativas, contribuye a cadenas de valor más sostenibles y resilientes. Esta conversación ya no involucra únicamente eficiencia operativa; también implica responsabilidad empresarial y fortalecimiento del ecosistema productivo.
ASOFACE lideró recientemente la Factoring Week y el Factoring Summit. ¿Qué lectura deja la región sobre Colombia?
La región reconoce que Colombia tiene uno de los ecosistemas más avanzados en factura electrónica, trazabilidad e interoperabilidad digital. Durante la Factoring Week recibimos delegaciones de distintos países interesadas en conocer el modelo colombiano y el funcionamiento del RADIAN.
Pero también quedó claro que todavía tenemos un enorme potencial de expansión. Países como Chile han logrado profundizar mucho más el mercado de factoring gracias a reglas más claras y ecosistemas más maduros alrededor de circulación de facturas y financiamiento empresarial.
¿Qué tan grande puede llegar a ser este mercado en Colombia?
El potencial es enorme. Hoy el factoring electrónico representa cerca del 2,7% del PIB colombiano, mientras que en mercados como Chile alcanza niveles cercanos al 16%.
Eso demuestra que Colombia todavía tiene una oportunidad muy importante para consolidar un ecosistema más profundo, dinámico y masivo alrededor de liquidez empresarial y financiamiento para las pymes.
¿Cuál es el mensaje central que ASOFACE quiere dejar en este momento?
Que la factura electrónica no debe verse únicamente como una herramienta tributaria o de control fiscal.
Colombia ya construyó la autopista digital. El siguiente reto es lograr que más empresas puedan circular por ella y convertir millones de facturas en una verdadera plataforma de liquidez, competitividad y crecimiento económico para las pymes colombianas.