- Un análisis de la firma E-Concept indica que la minería moderna de cobre puede coexistir con la agricultura, sin que una actividad tenga que reemplazar a la otra.
- Jericó y el Suroeste antioqueño ya demuestran que el agro puede crecer con fuerza: el valor de la producción agrícola aumentó +166 % en la región y +368 % en Jericó (2012–2024), en paralelo a una transición hacia cultivos de mayor valor.
. Colombia tiene la oportunidad de avanzar en el desarrollo del cobre, un mineral clave para la transición energética, sin que ello implique desplazar la producción agrícola. Así lo señala un análisis de la consultoría económica E-Concept, que revisa la relación entre actividad extractiva y desempeño del agro a partir de evidencia municipal para el periodo 2012–2024, así como la evolución reciente de economías agrícolas como la del Suroeste antioqueño.
El estudio destaca que la discusión sobre nuevos proyectos de cobre ocurre en territorios donde el agro no está estancado, sino en plena transformación. En el Suroeste antioqueño, el Valor Bruto de Producción (VBP) agrícola pasó de $ 1,57 billones a $ 4,18 billones (pesos constantes de 2023) entre 2012 y 2024, equivalente a un crecimiento de +166 % real. Jericó registró una expansión aún mayor: su VBP agrícola se multiplicó por cinco, al pasar de $ 54 mil millones a $ 253 mil millones (+368 % real), impulsado por una transición hacia cultivos de alto valor como aguacate Hass y cítricos.
En ese contexto, el análisis evalúa si la actividad extractiva tiende a “reemplazar” la agricultura. Los resultados van en dirección contraria a esa narrativa. Con base en un panel municipal 2012–2024, el estudio encuentra que no existe una relación negativa sistemática entre minería responsable y valor agrícola: la correlación entre producción extractiva total y valor agrícola municipal es de -0,007 (p = 0,413), es decir, estadísticamente indistinguible de cero.
Al desagregar por tipo de recurso, el estudio muestra que la única asociación negativa significativa corresponde al oro (r = -0,123; p < 0,001), consistente con territorios donde predomina extracción informal, que compite más directamente por tierra y mano de obra.
En contraste, para carbón no se observa relación estadísticamente significativa (r = 0,013; p = 0,706) y para petróleo la relación es positiva y significativa (r = 0,149; p < 0,001). En el caso del cobre, la correlación es positiva (r = 0,217; p = 0,168), aunque no significativa debido a que el sector aún es incipiente y la muestra de municipios con producción relevante sigue siendo reducida.
La evolución en el tiempo refuerza la conclusión. Entre 2012 y 2024, el índice de valor agrícola (base 2012=100) alcanzó 182 en municipios extractivos y 185 en municipios no extractivos, con trayectorias prácticamente paralelas. Adicionalmente, al analizar 184 municipios que iniciaron actividad extractiva después de 2012, el valor agrícola promedio pasó de $ 82.592 millones (antes del inicio) a $ 117.771 millones (después), mientras que el número promedio de cultivos aumentó de 10,9 a 13,0, lo que sugiere que la diversificación productiva puede mantenerse e incluso fortalecerse.
En conclusión, el estudio indica que el país no enfrenta un dilema estructural entre minería moderna y agricultura. La evidencia disponible sugiere que la coexistencia entre ambos sectores es posible y, en muchos casos, ya ocurre en Colombia. El reto central es asegurar que cualquier desarrollo del cobre se implemente con altos estándares ambientales, transparencia y buena gobernanza territorial, de forma que el crecimiento económico se traduzca en bienestar y sea compatible con un agro competitivo y de alto valor.