En Colombia, el hogar dejó de ser únicamente un lugar para vivir: hoy es una declaración de identidad, bienestar y estilo de vida. Las casas se transformaron en oficinas, refugios emocionales, espacios sociales y escenarios de inspiración personal. Este nuevo consumidor, mucho más conectado con el diseño y las tendencias globales, está impulsando una transformación en la industria del mueble y redefiniendo la manera en que los colombianos habitan sus espacios.
Así lo revela Jamar en su más reciente análisis sobre tendencias de consumo, diseño y comportamiento del hogar colombiano. El estudio muestra que los consumidores ya no compran muebles únicamente por necesidad: hoy compran para sentirse mejor, renovar sus espacios y conectar emocionalmente con su casa. “El hogar se convirtió en el centro de la vida cotidiana. Hoy vemos consumidores mucho más conectados con el diseño, la funcionalidad y el bienestar. Las personas quieren espacios que hablen de quiénes son y cómo quieren vivir”, afirma Eduardo Restrepo Pombo, CFO de Jamar.
La investigación realizada por IPSOS para la compañía, aplicada en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, encontró que el principal motivo de compra de muebles actualmente es el deseo de actualizar y modernizar los espacios del hogar, incluso por encima de factores tradicionales como mudanzas o independencia.
El consumidor colombiano también está cambiando la forma en la que compra: busca inspiración en redes sociales y plataformas digitales, compara antes de decidir, visita las tiendas para vivir la experiencia y prioriza marcas que ofrezcan rapidez, financiación y asesoría personalizada. En paralelo, la decoración y los complementos están tomando un rol protagónico dentro de los hogares. Ya no se trata únicamente de tener muebles funcionales, sino de construir espacios más cálidos, auténticos y personales.
Para 2026, las tendencias globales del diseño interior apuntan hacia hogares mucho más emocionales y expresivos. Atrás queda el minimalismo frío y neutro que dominó durante años. Ahora regresan el color, las texturas, las formas orgánicas y los materiales con carácter. “El diseño dejó de percibirse como algo lejano o aspiracional. Hoy las familias quieren hogares más vivos, más cálidos y con mucha más personalidad. Hay una búsqueda evidente por espacios que transmitan emociones”, explica María Camila Betancourt, directora de categoría de Jamar.
Entre las principales tendencias identificadas por la marca para este año sobresalen los tonos vivos como amarillo canario, azul profundo, verde y rojo; el regreso de las influencias retro; el uso de materiales como mármol, acero inoxidable, maderas naturales y acabados brillantes; así como espacios multifuncionales adaptados a hogares más compactos.
Inspirada precisamente en esta evolución del consumidor nace ALEGRÍA, la nueva colección de Jamar desarrollada tras un proceso de inspiración en la Semana del Diseño y el Salone del Mobile de Milán. La propuesta explora el impacto emocional del color dentro del hogar y cómo cada tonalidad puede transformar la energía de un espacio. “El color volvió a convertirse en protagonista. Hoy las personas quieren espacios que transmitan energía, calma, optimismo o inspiración. El hogar se está entendiendo mucho más desde la emoción”, agrega Betancourt.
Este auge del hogar también está impulsando el crecimiento de la industria. Jamar reportó un crecimiento nacional del 45% en ventas durante 2025, mientras que Cundinamarca registró un incremento del 49,3%, consolidándose como una de las regiones más dinámicas para el sector del mueble y la decoración. Actualmente, la compañía recibe alrededor de 120 mil visitantes mensuales en tiendas físicas y más de 1,4 millones de usuarios al mes en sus canales digitales, evidenciando cómo el hogar se consolidó como una de las grandes prioridades de consumo de los colombianos.
Otro fenómeno clave detrás de esta transformación es el fortalecimiento de la producción nacional y la consolidación de una industria del mueble cada vez más robusta en el país. Hoy el 92% de los muebles de Jamar son fabricados en Colombia, gracias a una red industrial que integra diseño, manufactura, logística y desarrollo de proveedores locales.
Como parte de esta apuesta, la compañía ha fortalecido plataformas estratégicas como CENDIS, su centro de distribución con más de 32.000 m² y capacidad para realizar más de 1.500 despachos diarios, considerado uno de los más importantes de Latinoamérica en su categoría; y CILA, uno de los ecosistemas del mueble más grandes de la región, ubicado en Galapa, Atlántico, donde se articulan miles de ebanistas, carpinteros, tapiceros y emprendedores locales alrededor de la producción nacional. Actualmente, Jamar y Credijamar generan más de 1.200 empleos directos y más de 9.000 indirectos, consolidándose no solo como una de las compañías líderes del sector, sino también como un motor de desarrollo económico, empleo e industria para Colombia.
Como parte de esta visión, Jamar también se consolida como un símbolo de industria y diseño colombiano. La compañía cuenta con el sello de Marca País, otorgado por ProColombia, destacando su compromiso con la producción nacional, el desarrollo económico y el talento local. Hoy, miles de ebanistas, carpinteros, tapiceros y costureros colombianos hacen parte de una cadena productiva que ha convertido a la marca en uno de los mayores referentes del mueble en el país.
