El recaudo tributario cae en términos reales, el gasto supera el ritmo histórico y las necesidades de financiamiento del Gobierno alcanzan niveles no vistos desde la crisis de finales de los noventa.
La situación fiscal de Colombia en 2026 no mejora. De acuerdo con un reciente informe de J.P. Morgan del 19 de mayo, el país enfrenta una brecha estructural entre lo que recauda y lo que gasta, con poco margen de maniobra para lo que resta del año.
El déficit se amplía y supera las proyecciones
A febrero de 2026, el déficit primario llegó al 0,8 % del PIB, con lo que se borró la sorpresa positiva que había dejado enero. En términos acumulados de doce meses, el déficit primario se ubicó en 3,4 % del PIB, mientras que el déficit total alcanzó el 6,4 %, una cifra que genera alarma.
El problema central está en los ingresos. Aunque el recaudo se mantiene estable como proporción del PIB, los datos de la DIAN hasta marzo muestran una caída del 2,2 % anual en el recaudo bruto real, lo que equivale a 0,26 puntos porcentuales del PIB.
A este panorama se suma un riesgo jurídico de fondo. Fallos de la Corte Constitucional obligan al Gobierno a devolver recursos recaudados bajo decretos de emergencia anteriores, lo que añade una presión adicional sobre la caja disponible.
El gasto no frena y ya comprometió la segunda mitad del año
Por el lado del gasto no hay señales de ajuste. El gasto primario real creció 2,1 % anual hasta febrero, y la ejecución presupuestal a abril fue de 23,7 % con lo que superó el promedio de 22,8 % registrado entre 2023 y 2025. Lo curioso es que el gasto aprobado y aún no ejecutado subió al 38,5 % en abril, por encima del nivel del año anterior. Eso significa que una proporción importante del gasto se concentrará en el segundo semestre, o en estos meses electorales, intensificando la presión sobre el déficit cuando el año fiscal ya no tiene margen para correcciones.
Detrás de esta inercia hay dos factores concretos. El primero es el incremento del salario mínimo de finales de 2025, que ha encarecido pensiones y salarios públicos. El segundo es el subsidio a los combustibles, pues el precio de los productos refinados ha subido más que el crudo Brent, lo que neutraliza los eventuales beneficios de mayores ingresos petroleros y eleva el costo fiscal de los subsidios.
Las necesidades de financiamiento en niveles críticos
El reporte identifica en la situación de tesorería el punto más crítico. Las necesidades de financiamiento de caja, que incluyen el déficit primario, los intereses y las amortizaciones, se estiman en cerca de 54.000 millones de dólares, equivalentes al 10 % del PIB. Para encontrar una situación similar hay que remontarse a la crisis de 1999-2002.
Aquí los agravantes empiezan con una brecha estimada de 6.000 millones de dólares entre las necesidades reales de financiamiento y los supuestos contemplados en el Plan Financiero del Gobierno. Continúan con las operaciones recientes de recompra de deuda por unos 5.500 millones de dólares que han reducido la caja disponible para cubrir el déficit. Y terminan con una liquidez lánguida en pesos colombianos, dejando al país expuesto a choques externos.
Un problema estructural que no se resuelve con ‘ingeniería financiera’
Las operaciones de manejo de pasivos pueden mejorar temporalmente la apariencia de los indicadores, pero no alteran la trayectoria fiscal de fondo. El ajuste que requiere Colombia es de gasto, no de deuda.
La próxima administración enfrentará, con alta probabilidad, la necesidad de incrementar la emisión de deuda para cerrar el programa de financiamiento de 2026. El diagnóstico que deja el primer cuatrimestre es el de un país atrapado entre el estancamiento del recaudo y la aceleración del gasto, en una posición de vulnerabilidad fiscal que no se veía en más de veinte años.